Vistas de página en total

martes, 16 de diciembre de 2008

El asesinato de Maximiliano Gómez, El Moreno

El asesinato de Maximiliano Gómez, El Moreno

“Los montes culminan en picos y los pueblos en hombres”-José Martí-

Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez (Mellizo)

Nota: publicado en la página 5 del periódico semanario MACORIX, edición No. 49, del 30 de mayo de 1985.


SAN PEDRO DE MACORIS.- Cada año nos vemos precisados a evocar en el recuerdo histórico de la patria  el incógnito asesinato de ese inmenso monumento humano llamado Maximiliano Gómez, El Moreno; uno de los más grandes lídere revolucionarios comunistas producido en la historia contemporánea de República Dominicana.

Oriundo del laborioso y orgulloso pueblo de San Pedro de Macorís, El Moreno, popular apodo con que lo bautizan sus camaradas de faenas en la lucha política revolucionaria y como comúnmente también le llamaban sus compañeros, las masas y la historia.

Autodidacta y depurado erudito, con un talento extraordinario asimiló la cultura política adquirida en el movimiento obrero revolucionario al grado tal que alcanzó la cima por encima de una pequeña burguesía urbana protagónica, individualista y egoísta, arropada de una manifiesta presencia de intelectualismo retórico parlanchín, caracterizado por un teoricismo locuaz apabullante.

El Moreno, cuya recia contextura física (con más de seis pies de estatura y con más de doscientas libras), con una cautivante y amplia sonrisa perenne, alcanzó el pináculo de un amplio y ancestral liderazgo anti-balaguerista.

Su enorme capacidad de análisis expresada en sus tesis políticas: “Golpe de Estado Revolucionario”, emanada de la Conferencia Nacional de Cuadros Hilda Gautreaux, (1969) , como una forma concreta de desplazar violentamente del poder al balaguerato autocrático y despótico.


Su tesis del “Desarrollo Híbrido y Económico” de la sociedad dominicana; sus dotes naturales de gran táctico y genio político-militar forjado en los combates frente a las tropas interventoras durante la Guerra Patria de abril de 1965, así como la creación de los Comandos Clandestinos Revolucionarios Anti-Reeleccionistas en 1968-71; mas su roce y vinculación permanente con el pueblo, apegado siempre a su condición de obrero.

De proletario curtido en la vinculación directa con la producción en el central azucarero Ingenio Porvenir, convirtieron al Moreno en el enemigo principal de la oligarquía balaguerista y neo-trujillistas de entonces considerándolo un peligro para sus intereses.

Por ello el balaguerismo y el imperialismo norteamericano decretaron su prematura muerte.
Es verdad que sus sobresalientes condiciones revolucionarias le granjeó el odio de las fuerzas reaccionarias de República Dominicana. Más por encima de ese enfermizo odio de clase y  racial de las fuerzas del oscurantismo creció vertiginosamente su ascendencia en el pueblo, su influencia entre las masas populares.

La contundencia de su prestigio era de tal magnitud que por momentos en el ambiente publico se sentía que entre El Moreno y el entonces joven y fogoso líder político democrático anti imperialista José Francisco Peña Gómez, a la sazón Secretario General del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), había cierto pugilato, pues aparentaba que se diputaban la simpatía popular como figuras estelares de la oposición política al gobierno del presidente Balaguer.

Ambos dirigentes populares vanguardizaban con creces sus respectivos proyectos políticos, polarizando la efervescencia del anti-balaguerismo revolucionario y anti-imperialista del pueblo dominicano.

Por demás los dos se tenías gran afecto y se prohijaban una fuerte amistad. El doctor José Francisco Peña Gómez siempre elogió y respeto los valores y condiciones que encarnaba el Secretario General del Movimiento Popular Dominicano (MPD) Maximiliano Gómez, El Moreno, hijo de una humilde mujer, lavandera y de oficios domésticos, doña Mariana Nazario y del obrero portuario, Papito Gómez, apenas llegó al octavo curso de la educación intermedia.

No obstante logró superar las limitaciones académicas y las lagunas culturales de su medio social concomitantemente con su entrega a la causa de la clase obrera y del pueblo sufrido, transformándolo en uno de los hombres más importante parido por nuestro pueblo.

Su práctica revolucionaria, su lucha, su sacrificio y su muerte a mano del imperialismo en contubernio con sertores del movimiento revolucionario dominicano están grabados eternamente en la conciencia del pueblo, y su figura crece y se agiganta cada día más en nuestros corazones.
“Cuando se muere en brazos de la patria agradecida termina la muerte, la prisión se rompe y empieza al fin, con el morir, la vida”. José Martí.

El Moreno era al momento de su cobarde, premeditado y vil asesinato en Brusela, Bélgica en mayo del año 1971 el cíclope del movimiento revolucionario dominicano. Con su muerte todas las estructuras del movimiento de lucha anti-balaguerista para desplazar violentamente al gobierno surgido de la nefasta intervención extranjera  de 1965 quedaron atónitas.

Fue un golpe contundente, demoledor y aterrador, el pánico asomó entre las fuerzas populares que impotentes, taladradas de dolor, iniciaron un forzado repliegue táctico que se prolongaría hasta mermar las emociones y los sentimientos de lucha. La Revolución dominicana retrocedió. La voluntad de combate fue mermada.

“Los revolucionarios seguimos haciendo la revolución aún después de muerto, cuando ya no tenemos voz para propagar nuestros ideales, quedan nuestros huesos que servirán de banderas”. Amin Abel Hasbùn.

Un comando revolucionario anti-reeleccionista secuestró al agregado militar de la embajada de los Estados Unidos, coronel Donald J. Crowley, logrando la excarcelación negociada de El Moreno y otros 18 presos políticos. Tras salir al exilio fue tenazmente perseguido por los organismos de inteligencias que lograron darle caza y asesinarlo en la citada capital europea.

Los que cumplieron la orden cobarde  de asesinar al Moreno se descalificaron como hombres. Como seres humanos. En cambio el nombre y la figura de El Moreno crece cada segundo en el sentimiento histórico del pueblo dominicano. Su nombre es más que historia es un símbolo redentor de las masas oprimidas que luchan por un futuro luminoso.

“! Sólo las flores del paterno prado tienen olor ¡/ ¡Sólo las ceibas patrias del sol amparan¡ Como en vaga nubes por suelo extraño se anda; las miradas injurias no parecen ¡ Y el sol mismo mas que en grato olor, enciende en ira no de voces queridas puebla el eco los aires de otras tierras, y no vuelven Del árbol espesos entre las ramas Los pálidos espíritus amados¡. “José Martí.

Maximiliano Gómez, El Moreno, gran titán de la lucha patriótica, hijo de estas tierras de poeta y caña de azúcar, tu nombre jamás será borrado de la conciencia de tu agradecido pueblo.

Y, a pesar de que muchos de los que ayer te admiraban, te endiosaban y te acrisolaron para congraciarse con la coyuntura del momento, de la efervescencia política, aparentando con su pose que eran parte del ejercito de patriota que tu encabezaba.

La historia dice lo que son, apóstata de tu ejemplo revolucionario comunista, y en consecuencia desarrollan una práctica traidora, pusilánime y reaccionaria, blasfemando tu nombre y en algunos casos esporádicos levantan tu memoria para cosechar pingues beneficios sociales, materiales, económicos y políticos, viviendo de fábulas, exhibiendo poses ridículas y vergonzantes, levantando el glorioso e histórico pasado que tu majestuosamente conduciste con sello de tu preciada sangre de héroe y mártir contra nuestros explotadores y opresores..

Esos cuaimas que ofenden tu memoria no pasarán ya el pueblo lo tiene ubicado, ellos ya no tienen futuro, su falta de consistencia ideológica y entereza revolucionaria lo ha lanzado al fango del desprecio.

Más pudieron las prebendas materiales de la clase opresora y los placeres del poder  que la lealtad que debieron profesarte.

El proceso revolucionario con su alta y su baja, con sus yerros y deserciones continúa su ritmo histórico, su curso dialéctico, hacia la concretización de los ideales por los cuales tú caíste.
Gloria eterna para Maximiliano Gómez, El Moreno, el más grande dirigente proletario, hijo de San Pedro de Macorís.

Nota: publicado en la página 5 del periódico semanario MACORIX, edición No. 49, del 30 de mayo de 1985.
 

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Maurice Bishop: ayer Libertador; hoy Mártir

http://elcolosodemacoris.com/



Por: Enrique Cabrera Vásquez

Maurice Bishop, el líder granadino que fuera depuesto como jefe de la revolución que él iniciara con el Movimiento Nueva Joya, el 13 de marzo de 1979, fue un consagrado defensor de su pueblo para quien siempre soñó lo mejor.

Dotado de una gran capacidad política, excelente orador, político sagaz y atrevido, inició los profundos cambios que necesitaba su Granada del alma, asumiendo siempre una actitud de cara al pueblo y a la historia.

Jamás asumió desde antes y durante la revolución una posición desesperada ni se dejó atrapar por la anarquía. Fue un líder político con mucho tacto y respeto.

El proceso revolucionario de Granada tuvo su punto de partida en enero de 1974 cuando estalló una huelga nacional independentista para impedir que Eric Mattewa Gairy usurpara el poder.

Gairy era un aventurero mafioso y sin el menor escrúpulo; aprovechó la crisis de 1951 a raíz de una huelga realizada por el primer sindicato creado en la isla. A mediado del siglo veinte este sindicato irrumpió violentamente en la vida pública de la isla, y en 1951 organiza una gran huelga, Eric Grairy, un desalmado joven lleno de codicias que había residido casi toda la vida fuera de la isla asume la conducción de la isla instalando una de las tiranías más bestiales del mundo, al grado tal que la prensa lo bautizó como el Idí Amín del Caribe.

El Movimiento Nueva Joya, que había nacido en marzo de 1973 como resultado de la fusión del Movimiento para Asambleas del Pueblo, MAPI, fundado en 1972 por Maurice Bishop y Kendrik Radik y Jewel, movimiento creado por Selwyn Strachan en 1972, tomaron el poder el 13 de marzo del 1979, iniciando un profundo proceso de corte nacionalista y de marcada orientación socialista en la reestructuración de la economía y los servicios sociales de la nación caribeña.

A partir del gobierno ligereado por Bishop Granada inició un proceso de organización sin precedente en la historia de esa pequeña isla del Caribe. Un amplio programa de planificación y desarrollo de la economía se puso allí en marcha, demostrándose un significado incremento de su Producto Interno Bruto y una mejor distribución de los ingresos, así como la ampliación de la cobertura de los servicios de salud, educación, la recreación para la mayoría de la población y grandes reivindicaciones sociales, lo que posibilitó que Bishop calara hondamente en la conciencia de su pueblo, el cual tenía fe en él, y en consecuencia era receptivo con su inmenso liderazgo.

Bishop fue un hombre sensato y ecuánime que desarrolló el proceso revolucionario granadino con gran flexibilidad democrática. Sus detractores y golpistas o mal interpretaron esta actitud de Bishop o trataron de ignorarla concientemente en interés de sus apetencias personales.

No hay ninguna razón valedera para justificar su vil asesinato de parte de una pandilla de anarquistas dogmatizados. Bishop era el verdadero representante de las voluntades e intereses de los granadinos. Su liderazgo era tan sólido que las masas lo rescataron, momentáneamente, horas antes de su muerte de su cautiverio para llevarlo en brazos a tratar de retomar el poder arrebatado por la insensatez y la ignominia.

Los Estados Unidos, que siempre fraguaron planes para derrocarlo, no pudieron hacerlo, no sólo por la coherencia que en vida de Bishop tenía el Estado Revolucionario granadino, sino por la carismática influencia que éste ejercía hacia el pueblo .

Si los norteamericanos hubiesen invadido Granada en vida de Bishop la situación interna fuera otra y la externa más enérgica y militante en contra de la intervención militar estadounidense que allí se produjo tras su derrocamiento y cobarde asesinato.

La invasión de los Estados Unidos en Granada fue la consecuencia de un descabellado y torpe acto político de quienes cegado por su ambición y miopía política, se sobrestimaron por encima de la realidad histórica del momento.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Nueva York, entre lo portentoso y el miedo

Nueva York, entre lo portentoso y el miedo

http://www.viejoblues.com/Bitacora/coloso-de-macoris

Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez

Nueva York.- Esta gigantesca urbe metropolitana cuyos encantos peculiares deja anonadado al visitante primario, trémula, portentosa, se muestra hacia el universo mostrando con orgullo su variado contraste y perfección arquitectónica.


“La Gran Manzana” o “La Capital del mundo” se explayó al firmamento internacional con signo histórico al erigirse como capital de los Estados Unidos de América desde 1785 hasta 1790.


Desde entonces se convirtió en la gran ciudad apetecible por la generalidad de los inmigrantes universales que la visitan en procura de un mejor horizonte económico y social.


Esta mega ciudad de multicolores contrastes, extensa e inmensa, muestra orgullosa sus más de 129 mil kilómetros cuadrados que conforma su condición de uno de los más importantes estado de la Unión.


Con sus montañas, ríos; unos 8 mil lagos, 205 kilómetros de playa sobre el Océano Atlántico. 603 kilómetros de costa entre los lagos Ontario y Erie y las famosas cataratas del Niágara del lado norteamericano.
Con su famoso Central Park, el Empire State Building, monumental edificio del arte deco con sus 102 pisos de alto, la catedral de San Juan El Divino, la construcción neogótica más grande del mundo.


El Chrysler Building construido en 1930 y que fuera en esa época el edificio más alto del mundo; el Citicorp Center, uno de los rascacielos más famosos de la ciudad, el bello edificio que aloja el Ayuntamiento; el City Hall, del período de la arquitectura Federal, su popular Estatua de la Libertad, un regalo del pueblo francés a los Estados Unidos en 1884.


El World Trade Center conocido como las mundialmente Torres Gemelas de 110 pisos de alto, ( destruidas por un acto terrorista el 11 de septiembre del 2001), el Rockefeller Center, todo un bien diseñado conjunto de majestuosos edificios de gigantescas alturas, sus impresionantes puentes que simbolizan su alto desarrollo material, las Torres con cúpulas de cobre, la isla Ellis y la línea del horizonte de Manhattan, todo una hipnótica belleza; en fin, es Nueva York una inmensa y agradable metrópolis atractiva llena de belleza material y florecimiento social.


Pero esta encantadora realidad entra en abierta contradicción con su situación humana. A la par que se exhibe ese Nueva York maravilloso, el que vemos en las películas y los documentales interesados, se oculta el Nueva York en el que abundan los hechos de violencia y bestialidad humana.


El índice de criminalidad y delincuencia resultante de la brega de consumo y tráfico de estupefacientes es sumamente alarmante. Miles de potenciales y presuntos delincuentes criminales han tomado sus calles.
Aquí nadie esta seguro; nadie se preocupa por la suerte del otro sino por la propia. El individualismo predomina en las relaciones humanas. La cultura del miedo, del pánico domina las interrelaciones humanas.


En Nueva York, nadie confía en nadie; una desconfianza creciente reina en su entorno social. Todos se miran con recelo y temor. Nadie saluda a nadie. Las miradas se cruzan en un ritual de silencio incógnito, siempre a la expectativa, en la espera de la potencial agresión o del asalto.


Una vida humana vale menos que un arete de 30 dólares, el precio que cargaba una joven mujer, de 23 años, cuando fue arrojada a las líneas férreas del tren en Brooklyn por un mozalbete de apenas 15 años de edad.
Bajos los efectos alucinantes de las drogas miles de adolescentes se lanzan implacablemente contra el género humano. Asesinan, secuestran, matan, asaltan, violan, atracan, roban, engañan, mienten, en fin; cometen las peores tropelías, atrocidades y canalladas imaginables.


Ni siquiera en los apartamentos de los Builldig se esta seguro. Cada vez que alguien toca una puerta anunciándose, desde su interior le responde una voz temerosa y desconfiada que cree le llegó su turno de ser asaltado.
De nada ha valido el esfuerzo de las autoridades para reducir a su mínima expresión el auge de la delincuencia criminal, resultante del auge del consumo y venta de estupefacientes. Cada segundo se reporta la ocurrencia de un nuevo hecho de sangre o de la explosiva conducta criminal de un maniático psicópata víctima del consumo excesivo de drogas.


La magnitud de esta preocupante situación ha desarrollado en el sentimiento personal una actitud insensible y hasta inhumana. Todas las fibras humanas han sido invadidas por la cultura del miedo y el espanto. A nadie le importa la suerte ajena. No hay espacio para la condición humana sino para la bestialidad.


Muchos analistas culpan de la situación a la emigración hispana, asiática y árabe, entre otras. Otros más osados y atrevidos asumen una posición racista y claman por el cierre de la frontera norteamericana como una solución para contrarrestar el mal.


El debate ha llegado al más alto escenario político, y los aspirantes a la Casa Blanca tocan el tema asiduamente con profundidad en cada campaña electoral.


No se puede culpar a la inmigración, la sociedad estadounidense históricamente por si misma es una sociedad de forastero, de inmigrantes. Nadie puede considerarse auténticamente norteamericano.
Ese país fue creado por llegados de otras tierras lejanas y cercanas. Es verdad que hay inmigrantes indeseables e indignos de permanecer guarecidos por el “sueño americano”. Pero la mayor verdad es que la mayoría de los que llegan a esa gran nación lo hacen esperanzados en encontrar un trabajo digno que le permita socorrer sus necesidades vitales. Allí llega gente buena y mala como también hay norteamericanos buenos y malos que van hacia otros países.


El problema no está en la inmigración sino en el propio desarrollo desenfrenado y sin control. Los lumpenes, los degenerados y anti sociales que siembran el terror y el llanto en las calles de Nueva York son una minoría. Un reducido conglomerado multiétnico carente de conciencia y responsabilidad moral. Esa claque parasitaria y nefasta se ha amparado en la hospitalidad para vivir del desasosiego y el temor.


Estados Unidos como un todo es una extraordinaria nación digna de respeto y admiración, y Nueva York es una magnifica ciudad, acogedora y placentera. Sus cinco distritos, Manhattan, Brooklyn, Bronx, Queens y Staten Island, conforman todo un mundo deseado y apreciado.


Es verdad que hay dos Nueva York, el de los rascacielos; el Centro Lincoln de Bellas Artes, el Museo Metropolitano del Arte, el Museo de Historia Natural, el Museo Gauggenheim, el Puerto Marítimo de la Calle Sur, el Puente Queensboro, el puente Verraza, el Muro del Recuerdo, Greenwich Village, el edificio que aloja la sede de las Naciones Unidas, el Centro de Convenciones Jacobo Javits, el Madison Squeare Garden, la belleza impresionante del centro y el bajo Manhattan, el Times Square, la larga calle Broadway “ donde se cruzan dos caminos del mundo”, la plaza World Wide y el Edificio Old Flat Iron, La Catedral de San Patricio, las avenidas Quinta y Sexta, la Plaza Rockffeller, la Original Torre Spirling, la Terminal Grand Central con su reloj Mercurio, Hércules y Atenas, el edificio Crown, la Mansión Marcy, el Holiday Inn Crown Plaza, el Hotel Essex House, el Gran Hotel Hayatt, el Hotel Carlyle.


El Nueva York de las películas pintoresco y sustanciado por las extravagancias absurdas y escandalosas; y el otro Nueva York; el de los negros de Harlen, el de los drogadictos que pululan por sus calles, el de las gangas de jovenzuelos asesinos y desalmados, el de los consumidores y vendedores de drogas, el de los hampones y más altos y refinados delincuentes, el del miedo y la inseguridad.


El Nueva York “de los bajos mundo de Manhattan”, ese que no se presenta en revistas ni documentales turísticos. Ese que cada día crece ante la impotencia de sus autoridades y que es visto con ambición por los cazadores de fortuna mal habida.


Este es el gran contraste de esta “manzana”, que se debate antagónicamente entre su portentoso desarrollo tecnológico, material, económico, industrial, descomunal y social, y su creciente individualismo cargado de insensibilidad humana. Entre el esfuerzo de sus dirigentes y la constante provocación y desafío de la sociedad delincuencial que trata por todo los medios de apoderarse de sus calles.


Entre la titánica entrega al trabajo productivo y un ejército de parásitos sociales, de vagos, prostitutas, vendedores de drogas, lumpenes y delincuentes de la peor ralea.


En sentido general Nueva York es una ciudad hospitalaria y acogedora. Portentosa y majestuosa. Monumental y atractiva. De llamativos encantos y singular belleza arquitectónica.


La de los dólares y más dólares, la que simboliza el progreso y el desarrollo. La que siempre se mantendrá imponiendo como “LA CAPITAL DEL MUNDO”.


Enrique Cabrera Vásquez


http://www.viejoblues.com/Bitacora/coloso-de-macoris


http://elcolosodemacoris.com/

viernes, 14 de noviembre de 2008

Conceptualización Científica del Arte.

Conceptualización Científica del Arte. Emociones Literarias y Humanas. Escrito por: Enrique Alberto Cabrera Vásquez (Mellizo)
(...) Hay que pisotear todas las viejas puerilidades; derribar las barreras que la verdad no haya alzado; devolver a las ciencias y a las artes la libertad que le es tan preciosa (...) Hacía falta un tiempo razonador en el que no se buscasen las reglas en los autores sino en la naturaleza (...) (Diderot). Enciclopedia, Tomo V (1755). San Pedro de Macorís, República Dominicana. – Ellos jamás podrán ser ignorados. Son tres luminarias del pensamiento universal; pensadores lúcidos y eruditos de vanguardia. Sensibles y humanos, abordaron desde sus perspectivas científicas ideas profundas encaminadas a comprender el desarrollo dialéctico del arte en sus manifestaciones humanas. Ahondaron con sentido crítico en su recorrido social; se aproximaron creativamente a una definición conceptual y estética del arte objetivo. Puede decirse que sus aportes alcanzaron dimensiones históricas en el mundo literario. Mediante la fertilidad de sus obras, alcanzamos la capacidad de valorar el significado poético, social y filosófico del arte. Nos deleitamos en su belleza y abrimos caminos al entendimiento, degustando una exquisitez artística que surge del interior humano como una expresión sociocultural por encima de intereses excluyentes. Ellos jamás podrán ser ignorados. Son tres luminarias del pensamiento universal. Tres lúcidos, excelentes e inmensos pensadores de vuelos altos. Eruditos de vanguardia. Sensibles y humanos; que abordaron desde sus respectivas perspectivas científicas y sociales ideas profundas encaminadas a comprender desde su óptica filosófica, el desarrollo dialéctico que expresa el Arte en todas sus manifestaciones humanas. Ahondaron con sentido altamente crítico su recorrido social y humano; creativamente se aproximaron a una definición terminológica conceptual estética y analítica del arte objetivo y revolucionario. Puede decirse con justicia que con sus aportes en este sentido alcanzaron dimensiones históricas en el exigente mundo culto y literario de la humanidad. A través de sus lecturas; de la fertilidad sustanciosa de sus aportes, volamos sobre sus ideas para alcanzar la capacidad emocional e intelectual de valorar en toda su extensión el significado estético, poético, cultural, social y filosófico del arte, deleitándonos en su belleza trascendental; arropándonos bajo su folklóricas presencia multicolor, abriéndoles caminos al entendimiento, degustando de su opípara exquisitez artística; torrentes de emociones espontánea surgido de los interiores humanos; frescor pluralizado; expresión socio cultural y antropológica; deleite humano colocado por encima de los intereses excluyentes. A riesgo de interpretaciones profanas trataron el tema de la definición del Arte; con esmerada seriedad lo digirieron científicamente. Les dieron seguimiento histórico, rastrearon su presencia universal depurándolo de los esquemas rutinarios mediatizantes, de los criterios tabúes que consideran el arte como una expresión única del espíritu al margen de las interrelaciones circunstanciales de su entorno y que pueden serle condicionantes. A riesgo de interpretaciones profanas, los autores abordaron la definición del arte con rigurosidad científica. Realizaron un seguimiento histórico y rastrearon su presencia universal, depurándolo de esquemas rutinarios y de criterios tabúes que consideran el arte una expresión aislada del espíritu, ajena a las interrelaciones circunstanciales de su entorno. Jorge Plejánov, José Ortega y Gasset y León Tolstói desarrollaron este complejo tema en ensayos, artículos y conferencias magistrales. Sus reflexiones, recopiladas en obras de carácter filológico, filosófico y social, exponen teorías e hipótesis con una profunda amplitud crítica. Los tres autores analizaron, desde ángulos distintos, el significado social, estético y psicológico del arte. Con espíritu innovador, asumieron la tarea de profundizar en su esencia, superando análisis simplistas y otorgando al tema un rigor científico basado en sus propias inquietudes En efecto, estos tres visionarios sociales trascendieron las abstracciones previas mediante aportes fundamentales sobre lo que Lévy-Strauss denominó "la combinación del mito primitivo y la habilidad técnica", y que Galeno de Pérgamo definió como el conjunto de preceptos universales y útiles que sirven a un propósito establecido. Con un marcado sentido innovador, desplegaron la agudeza de su pensamiento social a través de análisis profundos, eludiendo el hermetismo de un cientificismo pedagógico que pudiera limitar sus ideas a críticas superficiales o rutinarias. Se adentraron en un análisis preventivo y riguroso del tema, aportando planteamientos revolucionarios cuyos alcances teóricos son hoy referentes obligados para investigaciones posteriores. Los tres, desde distintas ópticas, convergieron en un mismo propósito: establecer una definición científica del arte, rescatándolo de visiones reduccionistas que lo limitan a ser una mera expresión del «espíritu absoluto», la «voluntad universal», la «relación divina» o las «vivencias subconscientes del artista». Se adentraron en la discusión profiláctica del asunto plasmando planteamientos novedosos, frescos y revolucionarios, cuyos alcances teóricos han servido de obligado punto de referencias a las investigaciones y opiniones a posteriori. Los tres, desde ópticas distintas, enfocaron el objetivo, caminaron en la misma dirección hacia un mismo rumbo: establecer una aproximada definición terminológica científica del arte; rescatándolo del reducido criterio de verlo como una mera expresión de "espíritu absoluto", de la "voluntad universal", de la "relación divina", o bien de "ideas y vivencias subconscientes del artista". El célebre José Ortega y Gasset analizó profundamente la deshumanización del arte, cuestionando los criterios dogmáticos y simplistas que, al intentar esquematizarlo, terminan por desfigurar su propósito espiritual y social. La sociedad demanda un arte renovado y creativo que no solo inspire respeto y crítica, sino que eleve la comprensión del mundo. Debe ser un arte capaz de proyectar valores que fomenten una convivencia armoniosa, pilares esenciales en la lucha por la emancipación humana. Como bien sostienen Ernst Cassirer y Susanne Langer, el arte es la creación de formas específicas que simbolizan las emociones humanas. Sin embargo, cuando el arte se vuelve exclusivo, se distancia de las mayorías y profundiza la brecha cultural de clase. Las injusticias del sistema socioeconómico limitan su acceso, permitiendo que solo un fragmento de la sociedad pueda comprenderlo y valorarlo plenamente. La proyección y receptividad a media que se hace del arte lo aprisiona y no permite su llegada a las mayorías nacionales; ensanchando la brecha cultural y educacional de clase que lo distancia de los sectores populares, las limitaciones socio-económicas, las desiguales condiciones de vida de un sistema injusto y opresivo posibilita que solo un segmento fragmentario de la comunidad lo pueda comprender y valorar. Ciertas élites, movidas por el egoísmo y la arrogancia, intentan asumir frente al arte una actitud paternalista y posesiva. Se han apropiado de él de forma arbitraria, atribuyéndose la exclusividad de su disfrute como un privilegio de su alcurnia. Esta segregación social y racial ha alejado al arte de las masas, cuyas dificultades económicas ya obstaculizan el acceso al placer estético. La clase dominante se ha empeñado en convertirlo en un patrimonio aristocrático reservado para grupos encumbrados. Esta situación preocupó a Ortega y Gasset, quien observó con sentido crítico que el arte nuevo suele tener a la masa en contra. Para él, este arte es "impopular por esencia" y divide al público en dos grupos: los que entienden y los que no. Según el filósofo, esto implica que unos poseen un "órgano de comprensión" negado a los otros. Por su parte, Mao Tse Tung señaló que, aunque el pueblo hace la historia, el arte tradicional a menudo lo presenta como escoria, cediendo el escenario a las élites. Como contrapunto, Adolf Loos sentenció que "el arte es la libertad del genio", mientras que Quintiliano diferenciaba entre los cultos, conocedores de la teoría, y los profanos, entregados al placer que el arte proporciona. Bajo su amplia perspectiva, Ortega y Gasset anticipó una época en la que la sociedad —desde la política del arte— volvería a estructurarse en dos rangos: los hombres egregios y los vulgares. En este contexto, analizó la deshumanización del arte partiendo de las enseñanzas de Aristóteles, señalando que el arte joven se ha fragmentado en múltiples direcciones divergentes. Exigente en su análisis, defendió una producción artística que, lejos de ser una copia de lo natural, posea una «sustantividad» propia, fruto de un don sublime. Sus ideas confrontan la visión romántica que reduce el arte a una mera expresión sensible de lo ideal o, como diría Manuel de la Revilla y Moreno, a la simple «inspiración y fantasía del artista». Afirmar que el arte debe limitarse a inspirarse en la naturaleza y reproducirla fielmente no constituye una teoría artística completa. El arte trasciende la simple imitación; es en esa trascendencia donde reside el placer que despierta su contemplación. Como estableció Platón con precisión filosófica: «el arte no es un trabajo irracional». Para Ortega y Gasset, la realidad acecha constantemente al artista para impedir su evasión. Ante esto, el creador requiere de una astucia excepcional para lograr la «fuga genial», actuando como un «Ulises al revés» que escapa de su Penélope y navega entre escollos hacia el hechizo de Circe. Bajo esta premisa, se entiende que el placer estético debe ser, ante todo, un placer inteligente. Existen placeres ciegos y otros perspicaces. A través de este certero pensamiento, el autor establece una dicotomía al señalar que lo humano —el repertorio de elementos que integran nuestro mundo habitual— posee una jerarquía de tres rangos: primero, el orden de las personas; luego, el de los seres vivos; y, finalmente, el de las cosas inorgánicas. El insigne filósofo español profundiza en su análisis al apuntar que, tanto para leer como para crear poesía, se debe exigir cierta solemnidad. No se refiere a una solemnidad de pompas exteriores, sino a aquel aire de estupor íntimo que invade el corazón en los momentos esenciales. Asimismo, establece que la metáfora es el instrumento más radical para la deshumanización del arte, indicando que a través de ella se produce una inversión del proceso estético. Finalmente, cuestiona la interpretación inglesa de la belleza, señalando a Ruskin como uno de los autores más funestos para esta disciplina. Para Ortega, Ruskin redujo el arte a una visión de objetos domésticos y habituales: «Aspira el inglés, sobre todo, a vivir bien y cómodamente; lo que para el francés es la sensualidad y para el alemán la filosofía, para el inglés es el confort». Resulta oportuno citar la vibrante idea de August Zamoyski, quien afirmó que «el arte es un modo de aprehender aquello que de otro modo es imposible captar, pues excede la experiencia humana». A esta visión se suma lo manifestado por Denis Diderot, quien propuso que la idea de belleza debería ser sustituida por la de perfección. En este proceso de categorización propio de la investigación social, destacan los juicios audaces de León Tolstói. El autor ruso, actuando como un riguroso moralista, lanzó una severa crítica contra el arte moderno por considerarlo alejado de la espiritualidad y la perfección cristiana. Tolstói dotó al arte de una dimensión humana profunda y filosófica. En una época dominada por una sociedad conservadora y apegada a fetiches rituales, las ideas del autor de Guerra y Paz y Ana Karenina generaron una gran alarma social. Su método comienza con una crítica a la sociedad europea, buscando derribar los mitos que intentaban definir el arte de forma limitada. Para Tolstói, ecuaciones como «arte es igual a belleza» o «arte es igual a placer» resultaban insuficientes y vacías. ¿Qué es el arte? ¿Es acaso solo aquello que nos agrada, nos produce placer o excita nuestros sentidos? León Tolstói vincula el arte con una visión subjetiva; sin embargo, no se refiere a la subjetividad del placer, sino a la capacidad de comunicar emociones. El autor libera el concepto de belleza de su frialdad abstracta al afirmar que no existe una sola definición objetiva para ella. Sostiene que las definiciones actuales —tanto metafísicas como experimentales— convergen en una visión subjetiva: el arte es aquello que exterioriza la belleza, y esta, a su vez, es lo que nos gusta sin despertar deseos mundanos. Tolstói también cuestionó al tratadista alemán Von Kirchmann (referido a veces como Fólgeldt), quien calificaba de locura la búsqueda de moralidad en el arte. El conde examinó esta postura con ironía: si el arte debiera ser moral, obras como Romeo y Julieta de Shakespeare o el Wilhelm Meister de Goethe dejarían de serlo. Ante la imposibilidad de negar el valor artístico de estos libros, la teoría de la moralidad parecía derrumbarse, obligando a buscar un fundamento basado en la "significación". Para Tolstói, el arte es la expresión de los sentimientos humanos. Lo distingue del lenguaje verbal, pues considera que la actividad artística consiste en evocar un sentimiento experimentado para luego transmitirlo mediante movimientos, líneas o imágenes, logrando que los demás experimenten esa misma emoción. Al respecto, no se puede ignorar la proclama de Stanislaw Witkiewicz (1851-1915), quien afirmó: «El arte sirve para descubrir, identificar, describir y fijar nuestras experiencias, nuestra realidad interior». Pese a su entusiasmo y notables aportes, Tolstói no quedó satisfecho con sus propias definiciones. Aunque sus ideas tuvieron un marcado acento científico y revolucionario, él las consideró inconclusas. No obstante, su investigación fue un intento serio con legados imperecederos; apoyado en un pensamiento crítico fluido y transparente, buscó respuestas científicas para elevarse sobre interrogantes históricas inmensas. Con el tono recriminatorio de un maestro, escudriñó el panorama intelectual de su época: «A la pregunta "¿Qué es el arte?" hemos dado múltiples respuestas sacadas de diversas obras de estética. Casi todas coinciden en que el fin del arte es la belleza, que esta se conoce por el placer que produce y que dicho placer es importante por el solo hecho de serlo». De esto resulta que las innumerables definiciones no son tales, sino simples tentativas para justificar el arte existente. Por extraño que parezca, pese a las montañas de libros escritos al respecto, no se ha dado una definición verdadera. La razón estriba en que la concepción del arte se ha fundado siempre sobre el concepto de belleza. En su afanosa búsqueda, planteó que el arte es un medio fundamental de comunicación humana. Sostuvo que, mientras la palabra transmite pensamientos, el arte expresa sentimientos. Mediante un análisis exhaustivo, procuró alcanzar la definición más clara y precisa que respondiera a su inquietud intelectual. Sus aportes sustanciales revelaron la profundidad de su pensamiento, al situar al arte como un elemento esencial tanto en la escala social como en la espiritual. Aunque sus ideas resultaron atrevidas, destacaron por su sinceridad y objetividad, generando un debate necesario. En su obra ¿Qué es el arte?, logró aproximarse a los conceptos más exactos sobre la materia. Por otro lado, cabe recordar que en 1919, Witkiewicz predijo con pesimismo el fin del arte, posiblemente hastiado por el tratamiento maniqueísta del tema. Erróneamente, llegó a creer que la humanidad había perdido su "inquietud metafísica", argumentando que el mundo posee una cantidad finita de estímulos que eventualmente se agotarían. No obstante, fue Gueorgui Plejánov (1856-1918) quien, desde el materialismo dialéctico, dotó al arte de un sentido científico profundo, ofreciendo una definición conceptual renovadora y revolucionaria. Jorge Plejánov, el teórico marxista más destacado de su tiempo, fue autor de ensayos fundamentales como La concepción monista de la historia (1895), La historia del materialismo (1896), El papel del individuo en la historia (1898) y El arte y la vida social (1912). Plejánov valoró positivamente los planteamientos del gran Tolstói, ampliando y cuestionando sus criterios para extraer conclusiones dialécticas. Gracias a su rigor teórico, desarrolló una concepción materialista de la historia que subrayó la complejidad entre el ser social y la conciencia social. En su análisis, sistematizó la actividad humana como una interrelación manifiesta en la lucha de ideas, la cual constituye la expresión histórica de la lucha de clases en el seno de la sociedad. Comprendió críticamente el arte como un fenómeno social que comunica tanto el sentimiento como el pensamiento humano. En este sentido, valoró la poesía como una de las formas más elevadas de expresión sentimental, asumiendo que toda producción artística nace de una inspiración que vincula lo humano con la naturaleza. A través del arte, intentamos desvelar los secretos de la naturaleza mientras ejercemos el derecho emocional y antropológico de interpretar los sentimientos humanos. Como afirmó August Zamoyski: "El arte es un modo de aprehender aquello que, de otro modo, es imposible captar; aquello que excede la experiencia humana". En sintonía, Platón sostenía que el arte no es un trabajo irracional. Desde la perspectiva de una filosofía poética, es posible conceptualizar el arte como la esencia de la vida. A lo largo de su trayectoria histórico-social —desde las pinturas rupestres hasta la contemporaneidad—, ha impreso una huella indeleble en el espacio y el tiempo de la humanidad. Esta disciplina permite difundir revelaciones trascendentales que, como una sinfonía, nos envuelven en emociones que nos vinculan con la naturaleza. Con agudeza, el maestro Plejánov pulió en su observación crítica el alcance social e histórico del arte. Considerado un precursor de la estética y la crítica artística de vanguardia, empleó un análisis mordaz basado en el materialismo dialéctico. Su enfoque buscó establecer una teoría diáfana y un concepto científico-social preciso sobre el origen y la esencia de la creación artística. Desde su prisma, Plejánov observó el arte como un reflejo de la vida colectiva y defendió el realismo como su médula espinal. Por ello, denunció la doctrina del "arte por el arte", argumentando que este siempre posee un motivo, una inspiración y un anhelo profundamente humano e histórico. Toda práctica social racional implica un arte determinado. Como afirmó Stanislaw Witkiewicz (1851-1915): "El arte sirve para descubrir, identificar, describir y fijar nuestras experiencias, nuestra realidad interior. Toda práctica social racional implica un arte determinado. Como afirmó Stanislaw Witkiewicz (1851-1915): "El arte sirve para descubrir, identificar, describir y fijar nuestras experiencias, nuestra realidad interior". Jorge Plejánov puso sus aportes a prueba en el exigente debate público. Fue un teórico de primera línea con un talento asombroso; su capacidad creativa, de gran alcance y magnitud intelectual, destacó en un contexto donde figuras estelares como Vera Zasulich y Pável Axelrod acaparaban la atención por el peso de sus ideas revolucionarias. Gracias a su agudeza, Plejánov sobresalió más allá de su tiempo con un nivel teórico que resultaba, incluso, desconcertante. Se consolidó como guía teórico y político durante aquellos años convulsos, destacando ante la generación de revolucionarios rusos que más tarde dirigirían la Revolución de Octubre de 1917, bajo el liderazgo de Lenin y Trotski. No se puede ignorar la influencia que ejercieron sobre Plejánov los acontecimientos de su patria, la cual para 1918 se erigía como el mayor centro de cultura abstracta y elaboración teórica sobre el arte. Es a partir de este entorno que podemos comprender la contundencia de sus ideas. Su prolífica investigación dio lugar a planteamientos críticos innovadores. Sostuvo que la interpretación idealista de la historia considera el desarrollo del pensamiento como la causa última del progreso humano, un concepto que predominó en el siglo XVIII y persistió en el XIX. Bajo la óptica del materialismo dialéctico, cuestionó las ideas de Saint-Simon y Augusto Comte (1798-1857), figuras influyentes de su tiempo. Asimismo, se apoyó en las tesis de Darwin para formular una respuesta científica y revolucionaria sobre el arte. A partir del análisis biológico darwiniano, logró interpretar el origen de los gustos estéticos y la noción de belleza, entendiéndolos como conceptos que varían según la cultura y las sensaciones sociales. Como visionario del análisis social, puntualizó que la concepción materialista busca explicar el destino histórico de las especies justo donde concluyen las investigaciones biológicas. Demostró, además, que ninguna obra artística carece de contenido ideológico o de clase, pues el ser humano percibe la naturaleza de formas distintas según el contexto social de su época. Las contribuciones científicas de estos tres pensadores permiten formular razonamientos constructivos sobre el arte, entendido como el producto culmen de la capacidad creativa humana. El arte no es solo una expresión espiritual e ideológica o una manifestación de comunicación social, sino un desafío estético intrínseco al desarrollo de la humanidad. Como afirmó Rodin, el arte es «el placer del espíritu que penetra la naturaleza y descubre el alma que la anima». Al considerar que su misión es «el ejercicio del pensamiento que intenta comprender», se evidencia el papel sublime que desempeña la creatividad en la experiencia humana. Ateniéndonos al pensamiento de Plejanov, podemos afirmar que el arte en todas las épocas históricas se ha caracterizado por su contenido de clase y por su sello político-ideológico. Su culto estético ha tenido siempre un contenido de clase. Las particularidades y generalidades del arte han estado dominadas por esa expresión de clase que se yuxtapone en el sentir humano. Lo espontáneo del arte ha estado condicionado por las relaciones sociales de convivencia en correspondencia con la realidad del medio social que conforma el hábitat pluralizado de los seres humanos. Las motivaciones espirituales del arte, la inspiración que le precede, son el resultado de las mismas condiciones sociales y económicas dadas en la existencia humana. De la conciencia social que se adquiere, lo cual pone de manifiesto la axiomática concepción de que el ser social determina la conciencia social. Las manifestaciones artístico-culturales como expresión real del arte constituyen un vuelo alto del sentimiento humano. Una acabada expresión de la conciencia humana expuesta espiritualmente por la "Musa": el arte social. Esta sublime y excelsa manifestación de los adentros más íntimos del sentimiento humano, esta producción social que refleja la alta capacidad expresiva de las condiciones cualitativas provenientes del proceso dialéctico de la conciencia humana, tiene una valorización histórica que define caracteres sociales y simboliza estadios históricos-sociales, dándole definiciones sustanciales a la vida humana. Su presencia se inicia de manera individual para transformarse en un producto socialmente pluralizado dentro de la formación de las realizaciones económicas de producción. El arte, como forma de comunicación social, ocupa un espacio histórico dentro de su contexto sociocultural. Representa y manifiesta la sensibilidad de una época en todas sus dimensiones. Es el vehículo que proyecta las intenciones de la praxis social, consolidándose como la expresión más honesta de la estética pública de los pueblos. Dentro del menú de ideas que procuramos en torno a la apreciación crítica del arte, nos encontramos con la referencia que hace Rocco Mangieri en torno al esquema planteado por Umberto Eco en 1957, significando que el autor del péndulo de Foucault articula con rigor seis ejes de indagación: el arte y el problema estético, la teoría del signo, la comunicación de masas, el análisis pragmático del texto, los límites de la interpretación y las utopías sobre la creación de lenguas perfectas. Al explorar la apreciación crítica, destaca la referencia de Rocco Mangieri sobre el esquema propuesto por Umberto Eco en 1957. El autor de El péndulo de Foucault articula con rigor seis ejes de indagación: el arte y el problema estético, la teoría del signo, la comunicación de masas, el análisis pragmático del texto, los límites de la interpretación y las utopías sobre la creación de lenguas perfectas. El autor de Semiótica y realidad virtual: accesibilidad entre mundos y metáforas del laberinto y Significación del espacio y modos de producción en La isla del día de antes, sostiene que la poética de la obra de arte ha desplazado a la «conceptualidad» e «inefabilidad» como eje del análisis estético. Bajo esta premisa, el catedrático de la Facultad de Arte de la Universidad de Los Andes explica: «Eco elabora un discurso crítico sobre todas aquellas reducciones ontológico-metafísicas de la esfera del arte que remiten su definición hacia una zona teórica de lo indefinible y lo inconmensurable». El texto propone una crítica y una nueva lectura de la obra de arte frente a los esencialismos metafísicos. Para ello, se apoya en las prácticas artísticas contemporáneas y en las modalidades de "uso" y "consumo" planteadas por las poéticas de la modernidad. A través de una revisión que abarca desde la estética de Santo Tomás de Aquino hasta los planteamientos de Obra abierta, el interés de Umberto Eco se desplaza: transita de una crítica a las ontologías del hecho estético hacia una definición del arte basada en sus condiciones de fruición, comunicabilidad e interpretatividad Bajo esta premisa, resulta imposible ignorar el valor de los signos como materia prima del pensamiento y la comunicación. En este sentido, es fundamental reconocer la labor del profesor Rocco Mangieri, cuya iniciativa de investigación aporta una mirada rigurosa y necesaria a estos razonamientos. Es imprescindible mencionar la teoría estética de Walter Benjamin (1892-1940), quien en 1936 publicó La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. El ensayo abre con una sugerente cita de Paul Valéry (1871-1945) —cuya obra explora el conflicto entre contemplación y acción— en la que el autor francés advierte: "En todas las artes hay una parte física que no puede ser tratada como antaño [...]. Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son, desde hace veinte años, lo que han sido desde siempre. Es preciso contar con que novedades tan grandes transformen toda la técnica de las artes y operen sobre la inventiva, llegando quizás a modificar la noción misma de arte". Inspirado por esta premisa, Benjamin desarrolló sus ideas ontológicas bajo una hermenéutica crítica que rompe con la tradición. Su propuesta no solo es de una originalidad dialéctica reconocida, sino que se fundamenta en una heurística de conceptos nuevos para comprender la relación entre técnica y estética. Es preciso contar con que novedades tan grandes transformen toda la técnica de las artes y operen por tanto sobre la inventiva, llegando quizás hasta a modificar de una manera maravillosa la noción misma de arte"; y de cuyo pensamiento se motivó e inspiró para impulsar sus ideas ontológicas sobre el arte y que son vistas como una "hermenéutica crítica cuya heurística no podría sino fundarse sobre conceptos totalmente nuevos y originales". Es una visión epistemológica y estéticas de reconocida originalidad dialéctica. El impacto del ensayo crítico "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica" (1936) fue de tal magnitud que numerosos teóricos se basaron en el pensamiento de Walter Benjamin para desarrollar ideas innovadoras sobre la comunicación contemporánea. Un ejemplo es Lorenzo Vilches, quien sostiene que el nuevo orden social y cultural del siglo XXI obliga a revisar las teorías de la recepción y la mediación, especialmente en conceptos como la identidad, la resistencia del espectador y la hibridación cultural. Por su parte, el Dr. Álvaro Cuadra, especialista en su obra, destaca que el interés fundamental de Benjamin radicaba en cómo la modernización capitalista transforma las estructuras de interacción social. Según Cuadra, estos cambios alteran las formas narrativas y las condiciones espaciales de la comunicación, determinando cómo el pasado se integra en la "fantasía imaginaria" de las masas para adquirir significados inmediatos. Para Benjamin, las condiciones socioeconómicas y los modelos de producción no son determinantes por sí mismos; funcionan como el material que detona las "fantasías imaginales" de los grupos sociales. Así, los horizontes de orientación individuales se entienden como extractos de mundos grupales específicos, los cuales se configuran mediante procesos de interacción comunicativa y perduran gracias a la fuerza de dicha fantasía. Es relevante señalar que este erudito y crítico —traductor de figuras como Proust y Baudelaire— se quitó la vida en Portbou mientras huía del nazismo. Su suicidio ocurrió ante el temor de que se le denegara el cruce por la frontera española. Paradójicamente, tras su muerte, el resto de su grupo recibió el permiso para continuar el viaje al día siguiente. Las expresiones artísticas y culturales han evolucionado en sintonía con el desarrollo histórico de la conciencia social. Desde el arte rupestre de la comunidad primitiva hasta la era contemporánea, el ser humano ha plasmado su mundo interior mediante una vocación estética que busca revelar la esencia del alma en cada época. Esta capacidad de exteriorizar la subjetividad, a menudo con un acento vibrante y profundo, reafirma una voluntad constante por dar a conocer la complejidad de la condición humana. El arte es praxis social: la voluntad humana expresada colectivamente. Representa la conciencia interior del espíritu que encuentra plenitud emocional a través de una manifestación estética personal y virtuosa. En el ámbito artístico, la fealdad se transmuta en belleza al categorizarse como un valor cultural. Siguiendo el ensayo de Herbert Marcuse sobre el carácter afirmativo de la cultura —quien retoma a Aristóteles—, la vida se divide en ocio y trabajo, en guerra y paz. Las actividades humanas se clasifican en necesarias, útiles y bellas; bajo esta premisa, el arte se define como una "utilidad bella". Nuestro análisis debe vincularse siempre a la valoración social del arte, entendiéndolo como una producción intrínseca al desarrollo humano. Como señaló Carlos Marx en su correspondencia con Annenkov, la sociedad es el producto de la acción recíproca de los hombres, quienes no eligen libremente sus fuerzas productivas ni su forma social. Estas son el resultado de la energía humana práctica, condicionada por las circunstancias heredadas de generaciones anteriores. Así las cosas, tenemos que el arte visto en sus variadas y múltiples manifestaciones humanas y artísticas, vale decir, escultura, arquitectura, manualidades, las plásticas, comedia, pintura, drama, danza, baile, teatro, música, artes plásticas, las danzas, el cine, fotografía, poesía, literatura, folklore, oratoria, tocar e interpretar instrumentos musicales como la guitarra, piano, violín, percusión, obras literarias como novelas, cuentos, poesía, prosa; cultivar la elocuencia, escribir un libro, etc., etc., siempre tendrá una connotación social artísticamente expresiva. Y como tal siempre será un producto social humano. Desde la óptica del materialismo histórico-dialéctico, se establece que el arte y la cultura son productos estéticos e ideológicos de una sociedad específica, reflejando fielmente sus ideales, valores y moralidad. Al explorar las diversas corrientes del pensamiento universal, emergen opiniones heterogéneas que, aunque en ocasiones empíricas, aportan matices de gran interés. Estas reflexiones, cargadas de vitalidad emocional, refuerzan los cuestionamientos de teóricos como Tolstói, Plejánov y Ortega y Gasset, otorgando renovada vigencia a su legado científico. El escultor argentino Juan José Eguizabal nos ofrece la premisa de que el arte está fundamentado en tres elementos provocativos: Pasión, inspiración y sentimiento. Concluye sus ideas al respecto señalando que "el arte es y está dispuesto en una unión de un número de conocimientos, y cualquier definición que sea verdadera debe dar cuenta de todos ellos". Sería mezquino no mencionar la indignación que sufrió el extraordinario compositor y héroe griego Mikis Theodorakis. Considerado uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX, Theodorakis fue reprimido inhumanamente por la junta militar de Georgios Papadopulos, quien terminó sus días en prisión condenado por robo y asesinato. La Grecia de los coroneles (1967-1974) es recordada por su despiadada criminalidad y la cobardía de pisotear a una leyenda de la resistencia antinazi. En su paranoia, la dictadura prohibió su obra bajo el pretexto de que su música servía al comunismo y despertaba pasiones combativas, negando así la posibilidad de que el arte sea neutral o apolítico. La Grecia de los coroneles (1967-1974) es recordada por su despiadada criminalidad y la cobardía de pisotear a una leyenda de la resistencia antinazi. En su paranoia, la dictadura prohibió su obra bajo el pretexto de que su música servía al comunismo y despertaba pasiones combativas, negando así la posibilidad de que el arte sea neutral o apolítico. En la Grecia de los coroneles, el Decreto n.º 13 del Ejército no dejaba lugar a dudas: «Se prohíbe en todo el territorio la ejecución o reproducción de la música del compositor Mikis Theodorakis [...] puesto que esta obra está al servicio del comunismo y suscita pasiones y luchas en el seno de la población» (Atenas, 1 de junio de 1967). Frente a tal infamia, conviene rescatar la premisa de Adolf Loos: «El arte es la libertad del genio». O recordar a Aristóteles, para quien la destreza técnica se eleva en la tragedia. ¡Qué barbaridad! ¡Qué inmundicia nefasta y cobarde! ¡Qué absoluta pobreza espiritual! Perseguir y encarcelar el talento siempre será un acto bochornoso: el mandato de la cobardía frente a la belleza. Esto provocó su reacción y soberbia. Sobre las huellas de su dolor, el heroico compositor griego Mikis Theodorakis —autor de Arcadia (1969)— afirmó en 1984 que la burguesía gobernante se empeña en reducir el nivel cultural de las masas y degradar tanto los valores estéticos como a los propios creadores. En su lugar, el poder fomenta obras que sirven a la ideología dominante y funcionan como una maquinaria de negocios. No sería justo ver su apostilla simplemente como un arrebato de indignación por la afrenta recibida; es, en cambio, la voz de un hombre que vive el arte en cada hálito de su existencia. Para él, el arte es un silbido del alma humana, una fuerza que lo envuelve en la configuración protagónica de su propio oficio. No pierde vigencia la proclama de José Carlos Mariátegui al sentenciar: "La burguesía quiere del artista un arte que corteje y adule su gusto mediocre [...] La obra de arte no tiene, en el mercado burgués, un valor intrínseco sino un valor fiduciario". De esta aseveración se colige que el valor de una obra está supeditado a la receptividad emocional y su interpretación cultural, factores que dictan su precio material bajo un marcado sesgo de clase. Así, las composiciones de Bach, Beethoven o Chopin, y la plástica de Goya, Picasso o Da Vinci, son presentadas como un gusto aristocrático custodiado por élites. Esta dinámica se replica en la producción nacional dominicana. El talento de Víctor Artiles, Ada Balcácer, Silvano Lora, Cándido Bidó o el petromacorisano Mariachi Alburquerque, termina barnizado por una estética excluyente. El resultado es un distanciamiento artificial: mientras las cleptocracias reclaman estas obras como trofeos de estatus, los sectores populares —sumidos en una precariedad cultural impuesta— perciben estas manifestaciones con una apatía prejuiciada, ajenos a un patrimonio que también les pertenece. Amplios sectores de la clase dominante exhiben una inclinación por el arte que, en el fondo, no es más que una simulación; una pantalla para ostentar una fastuosa vanidad. Se trata de una actitud engañosa y una farsa ridícula. Como señalaba Lenin: «El arte pertenece al pueblo. Sus raíces deben hundirse en lo más profundo de las masas trabajadoras. El arte debe ser accesible a las masas; debe concitar sus sentimientos, pensamientos y voluntad para elevarlas. Debe, asimismo, despertar y desarrollar su sentido artístico». En un sentido similar, Mao Tse-Tung se expresó en sus intervenciones en el Foro de Yenan (mayo de 1942) sobre arte y literatura. Al respecto, escribió: «La cuestión de a quién deben servir el arte y la literatura es una cuestión fundamental, de principio». Y agregaba: «Aunque la vida social del hombre es la única fuente del arte y la literatura —y es incomparablemente más rica y vívida que estos en contenido—, el pueblo no se contenta solo con la vida; exige arte y literatura. ¿Por qué? Porque, si bien tanto la vida como el arte son bellos, la realidad reflejada en las obras artísticas puede y debe situarse en un plano más alto: ser más intensa, concentrada y típica. Debe acercarse al ideal y resultar, por tanto, más universal que la realidad cotidiana». Más adelante, señaló que el arte y la literatura revolucionarios deben crear personajes variados extraídos de la existencia real para ayudar a las masas a impulsar la historia. Afirmó: «Por ejemplo, hallamos que la gente sufre hambre, frío y opresión, mientras impera la explotación del hombre por el hombre. Estos hechos son ubicuos y se consideran corrientes; sin embargo, los artistas condensan estos fenómenos, tipifican sus contradicciones y luchas, y crean obras capaces de despertar a las masas, inflamarlas de entusiasmo e impulsarlas a la unidad para transformar su mundo. Sin un arte de este tipo, dicha tarea no podrá cumplirse con la misma rapidez y efectividad». Indicó también que: «Muchos artistas y escritores permanecen apartados de las masas y llevan una vida vacía; naturalmente, no están familiarizados con el habla del pueblo. Por ello, sus obras no solo tienen un lenguaje insípido, sino que a menudo contienen expresiones estrambóticas, inventadas por ellos y ajenas al uso popular». La relevancia de los aportes de José Ortega y Gasset, Jorge Plejánov y León Tolstói sobre la visión del arte se acrecienta conforme profundizamos en la materia. Estos autores superaron esquemas herméticos y dogmáticos, a menudo impulsados por prejuicios emocionales e irracionales. Como maestros del pensamiento, priorizaron el rigor del análisis sobre las afinidades personales. El arte no es propiedad de una clase determinada; es un patrimonio universal de la humanidad y, por ende, su acceso debe ser igualitario. A partir de estas premisas, se puede establecer que el arte es un producto social cuyo proceso creativo captura una percepción del mundo objetivo. Su valor social reside en la capacidad del creador para vincular su obra con las contradicciones de clase presentes en el desarrollo social. De este modo, el arte contribuye a la transformación cualitativa del entorno, interpretando la naturaleza y la psique humana desde una voluntad de cambio y mejora de las condiciones de vida. En consecuencia, el Estado tiene la responsabilidad ética de garantizar una distribución equitativa del acervo cultural. El legado de figuras como Beethoven, Strauss o Mozart no debe ser exclusivo de ninguna élite. Es imperativo que las políticas públicas inviertan en formación artística —ya sea en música, artes plásticas o literatura— para que estas disciplinas no se dirijan a un grupo privilegiado, sino que estén al alcance de todos, sin distinción de estrato económico o social. Debemos fomentar, mediante la educación, el entendimiento cultural para que los sectores populares accedan a expresiones artísticas de alto valor. Es necesario liberar al arte del círculo cerrado y egoísta que hoy lo limita. El arte es libertad y conciencia; representa la máxima expresión estética y espiritual de la condición humana. Sin ambages ni tecnicismos innecesarios, el arte constituye el desarrollo más elocuente de la emoción y la conciencia social. Su función es impulsar el progreso de los pueblos, consolidándose como la manifestación más elevada del pensamiento humano. Nota de definiciones: Conceptualización: Idea, representación mental de una realidad, un objeto o algo similar: el concepto de belleza no es igual para todos. Pensamiento expresado con palabras. Opinión, juicio, idea que se tiene sobre algo: ¿qué concepto tienes de mí? Aspecto, calidad, título: me han ofrecido un trabajo en concepto de asesor cultural. Concepto: Representación mental de una realidad u objeto; por ejemplo, la percepción de la belleza varía según el individuo. Pensamiento y Opinión: Expresión de una idea mediante palabras o el juicio subjetivo que se tiene sobre alguien o algo. Ámbito Formal: Término utilizado para definir un aspecto, calidad o título específico, como en la contratación "en concepto de asesor. Conceptualizar: Acción de formar una idea o juicio sobre la realidad, evitando basarse únicamente en apariencias para no caer en errores.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Lady Di, Diana Spencer, princesa de Gales, La Princesa Diana, flor universal

http://elcolosodemacoris.com/
http://www.viejoblues.com/Bitacora/coloso-de-macoris

Por Enrique Cabrera Vásquez (Mellizo)

La prensa mundial a todos los niveles. La universalidad de los medios de comunicación, reseñaron profusamente el trágico final de la bella, hermosa y gentil mujer, Lady Di, Diana Spencer, La Princesa de Gales.

Le dieron amplia cobertura noticiosa a su muerte ocurrida la madrugada del domingo 31 de agosto (1997), mientras huía o trataba de evadir desesperadamente, a un grupo de fotógrafos periodísticos conocidos peyorativamente como paparazis, quienes la asediaban constantemente, acosándola sin tregua, con una conducta carente de delicadeza profesional y respeto personal.

Producto de esta necia, terca y obstinada persecución, al automóvil Mercedes Benz, en que iba la princesa Diana junto a su novio, el multimillonario Dodi Fayed, su guardaespaldas Trevor Rees-Jones y el chofer Henri Paúl, se estrelló contra los muros laterales de la pista subterránea, por donde se desplazaba, y con excepción del guardaespaldas Trevor Ree-Jones, todos murieron en ese desdichado accidente.
Luego del mismo, las autoridades francesas dijeron que el conductor del coche siniestrado estaba ebrio y que conducía a una velocidad de más de 160 millas por horas.

No importan los razonamientos técnicos y jurídicos lo cierto es que la princesa Diana pereció involuntariamente fruto del acoso temerario y la persecución mercurial y mercenaria de los llamados paparazis.

La súbita muerte de La Princesa Diana de Gales posibilitó en su momento que sentimientos que creíamos sepultados por el avance arrollador del individualismo consumista, resurgieran de manera generalizada. La humanidad conciente reaccionó sumamente afectada ante esta tragedia que conmovió profundamente todas las razas, religiones y estados del mundo.

La tragedia enlutó todos los corazones sensibles y generosos del mundo. Todos sentimos en ese instante pena y dolor. Todos lloramos a La Princesa Diana. Verdadera manifestaciones de dolor, respeto, admiración, consternación, indignación y pesadumbre se dejaron sentir por todas las regiones del mundo. Todos quisieron expresar su angustia y desgarramiento espontáneo por ese infausto acontecimiento.

La muerte de La Princesa Diana catapultó una la más grandes manifestación de solidaridad jamás conocida hasta ese momento. Todos procuramos decirle a la Princesa vilipendiada, maltratada, injuriada, calumniada, acosada, perseguida y sometida a los caprichos monárquicos; victima de la intriga de Castillo, que siempre estuvimos con ella, apoyándola sin renunciar nunca a su credibilidad.

Ella que estoicamente blandió su frágil figura sin más arma que su cautivante belleza; su gran corazón bondadoso, realizando obras de caridad, abrazando sidosos y enfermos terminales desahuciado por la ciencia médica, luchando contra las minas terrestres en pobladas zonas de guerra, levantando la ideología del amor y la comprensión; preocupándose por la suerte del medio ambiente, por los valores humanos. Asumió una práctica social reivindicando las ansias de justicia humana.

Titánicamente se impuso a la sordidez monárquica, a la cultura morbosa propiciada por mezquinas instancias sociales, egoístas, derrotó hasta con su muerte a esos seres desquiciados y absurdos que la atropellaron sistemáticamente en un intento estúpido de enlodar su imagen, de desminuir su gratificante, oportuna y consecuente solidaridad para con la humanidad, el impacto, emocional de su presencia universal, sólo brindando amor, generosidad, perdonando a sus detractores interesados.
Nuestra amada Princesa de Gales conquistó los corazones del mundo. Aquilató su imagen con creces esparciendo ternura y esperanza.

Hoy la humanidad agradecida y generosa con su doliente alma testimonia de la manera más honda posible, su afecto e identificación para con ella, tan buena, dulce, generosa y espontánea. Madre desvelada siempre por la suerte de sus dos hijos, menores de edad (al momento de su muerte), los príncipes Guillermo y Enrique.

Lady Di rompió los moldes tradicionales del dogmatizado protocolo de la cerrada monarquía británica, estrechando la mano de los pobres y necesitados del mundo, abrazándose con sinceridad manifiesta con la inolvidable Madre Teresa de Calcuta, ese otro ser maravilloso y ejemplar, en la justa y humana causa en favor de los marginados de la fortuna. Por eso es que hoy impotentemente lloramos su violento e inmerecido final.

La Princesa Diana reunió en su conducta los alti-bajos que se dan en el desarrollo dialéctico de la conducta humana, expresando sin ambages en su rutinaria cotidianidad su independencia de criterios, sin cumplidos hipócritica ni formas politiqueras; asumió su rol de Princesa; princesa de los pobres, sin igual, abierta, franca, honesta y sincera consigo mismo y la sociedad mundial. Integra y resuelta en sus sentimientos.

Sectariamente categorismos que con su muerte Lady Di se agigantó. Se inmortalizó y se lanzó vertiginosamente hacia la gloria. Hoy es venerada y amada por millones de hombres, mujeres y niños. Se reconoce su valerosa presencia en la faz de la tierra, su aporte inmenso. Su justa y altruista causa la convirtió en una flor universal surgida del bello jardín de la solidaridad humana.

En la Princesa Diana; nuestra princesa eterna, la vida crece y se esparce con donaire poético. Y es que frente al desgarramiento de los valores humanos y la proyección de una cultura individualista, egoísta, morbosa, cimentada en la competencia mezquina que anula el estimulo moral, el espíritu de solidaridad y entrega a causas nobles y altruistas, ejemplarizada en la brega afanosa de nuestra amada Lady Di, La Princesa Diana; la vida adquiere otra dimensión, brota en nosotros con fuerza optimista un hálito de esperanza; ella, nos rescata y solivianta, recobrando la confianza en la creencia en los conceptos de la solidaridad humana.

De la caridad y la beneficencia social, socorriendo indiscriminadamente a todos los marginados. Liberándonos de la rutina degradante que nos anonada e impulsa como máquina hacia una práctica que recela del calor humano.

Con profunda pena aceptamos la muerte de La Princesa Diana, a la que no volveremos a ver liderando causas redentoras. Mirando su rostro siempre fresco, sonriente y bondadoso. Con sus dulces gestos, tan naturales. Con hondo pesar aceptamos esta infausta realidad del destino, la forzada ausencia física entre nosotros de su agradable compañía, dulce, solidaria y alegre, llena de entusiasmo, un estímulo contagioso de dignidad humana.

¡Cuánta tristeza! ¡Cuándo dolor! Por ti, Laddy Di; nuestra querida y amada Princesa Diana. Con fervor público expresamos nuestro amor por ti, buena mujer, con desbordado sentimiento de dolor te manifestamos todos los afectos posibles.

¡Paz y amor siempre para ti Lady Li del mundo!

Nota: publicado en el periódico semanario EL COLOSO DE MACORIX, edición 15 de septiembre de 1997, pagina 7 de la fecha.

Nota: Reseña de prensa al momento del hecho.

El mundo entero se conmovió con la trágica muerte de Diana, princesa de Gales, madre de un heredero del trono británico y, a sus 36 años, la mujer más fotografiada del mundo. Diana encontró la muerte, la madrugada del domingo 31 de agosto de 1997, en París, Francia, en un accidente automovilístico en el que murió también su amigo, el millonario egipcio Dodi Fayed, de 41 años.

Lady Di. Nunca fue plebeya, sino todo lo contrario: Diana Francés Spencer era pariente lejana de la familia real. Hija de Edward Spencer, vizconde de Althorp, y de Frances Ruth Roche (hija del cuarto barón de Fermoy), pasó a ser conocida con el nombre dinástico de Diana de Gales. Lady Di y su novio egipcio se mataron en un choque en pleno centro de París También murió el chofer del auto La pareja había cenado en el Ritz Los persiguieron fotógrafos en moto, al cruzar un túnel a gran velocidad se estrellaron contra un muro.

(París. AFP, Reuter, AP, Mordzinsky y Avignolo).- La princesa de Gales, Lady Diana Spencer, de 36 años, murió como consecuencia de graves heridas sufridas en un accidente automovilístico, según confirmó esta madrugada el ministro del Interior de Francia, Jean Pierre Chevenement.

Estaba internada en terapia intensiva desde la 1.38 cuando el auto, que iba a más de 100 kms. Por hora, chocó contra la pared de un túnel de tránsito rápido en el centro de esta ciudad. Con ella murió su novio, el millonario egipcio Dodi Al Fayed (41).También murió el conductor del auto, que era empleado de seguridad del Hotel Ritz y chofer personal del millonario.

El guardaespaldas de Lady Di sufrió heridas muy graves y estaba hospitalizado. En el lugar del accidente, la policía no pudo impedir que los fotógrafos tomaran imágenes del Mercedes Benz totalmente destrozado y arrugado como una lata.

El accidente ocurrió cuando el auto era perseguido por varios fotógrafos paparazzi, que iban en motos a toda velocidad por el túnel. El viaducto es una ruta de tres carriles por mano, sin guardarrail en el medio. Al parecer, el accidente lo provocó un fotógrafo que se cruzó con su moto.

Uno de los testigos, después, se habría peleado con el paparazzo. El príncipe Carlos de Inglaterra, ex marido de la princesa de Gales, fue informado sobre el accidente y el estado de la princesa en el castillo de Balmoral, donde pasa sus vacaciones. Las heridas de la princesa Diana eran principalmente en la cabeza y fue internada de urgencia en el hospital de La Pitié Salpetriere.

El choque le fracturó un brazo y provocó traumatismos mortales de cráneo, además de heridas en una pierna. El ministro francés del Interior, Jean Pierre Chevenement, el embajador inglés Sir Michael Jay y el prefecto de policía de París, Philippe Massoni, estaban anoche en el hospital.

El director de la policía judicial de París, Patrick Riou, encabezó personalmente la investigación. La policía detuvo e interrogó a cinco paparazzi en relación con el accidente, también fueron secuestradas dos motocicletas en las que se presume que iban los fotógrafos.

El auto golpeó contra un muro de cemento del túnel a más de 100 kilómetros por hora. El radiador del auto quedó encima de la rodilla del guardaespaldas de la princesa Diana. Hubo un gran embotellamiento de tránsito y el túnel -que está ubicado en el distrito VIII de París cerca de la Place Alma- fue cerrado durante dos horas, mientras la policía impedía la entrada del periodismo.

Dodi Al Fayed era hijo del dueño de Harrods y del Hotel Ritz de París, Mohamed Al Fayed. El joven millonario había llegado con Lady Dy desde Portofino el sábado a la tarde, en su jet privado Gulfstream. Luego de cenar juntos en el Hotel Ritz, frente a la Place Vendome, la pareja salió en auto hacia un petit hotel que Dodi Al Fayed tiene el aristocrático distrito XVI.

Tomaron un camino paralelo al Sena para evitar a los fotógrafos, que los siguieron adentro del túnel. La noticia conmocionó a los europeos, que en el mes de agosto están de vacaciones, porque el noviazgo entre el millonario egipcio y la princesa Diana fue la telenovela del verano.
La BBC de Londres interrumpió la programación habitual. Lo mismo hizo la CNN y Radio France. En Londres, el primer ministro Tony Blair dijo que era una noticia muy triste no bien se informó sobre el accidente.

También el presidente norteamericano Bill Clinton pidió estar informado. Fuentes del Palacio de Kensington confirmaron las noticias, y se informó que Mohamed Al Fayed estaba volando en helicóptero a París, desde Londres.

El regreso La princesa de Gales tenía que estar el 1 de septiembre en Londres, para que su ex marido Carlos le entregara a sus hijos, William Arthur y Henry Charles. Con ellos, Lady Di tomaría unas pequeñas vacaciones hasta el 15 de septiembre, cuando los chicos empiezan sus clases.

Estoy muy enamorada, por fin encontré a una persona que me respeta, me quiere y me protege, había dicho la princesa a su modisto argentino Roberto Devorick.

El joven millonario egipcio pasó por los colegios más caros de Suiza, Inglaterra y Estados Unidos. Era un fanático del polo y jugó en el equipo de la Academia Militar de Sandhurst.

domingo, 9 de noviembre de 2008

La grandeza de Antonio Gala

La grandeza de Antonio Gala


La grandeza de Antonio Gala

Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez

Antonio Gala en diferente escenario, fotos de archivo.

SAN PEDRO DE MACORIS, 27 de febrero de 1995.- Nimbado por el aura mágica de sus palabras tiernas y sencillas, salidas de la profundidad de sus adentros; envuelto en el misterio cautivante de su figura carismática, templada por su vasta concepción filosófica de la vida y de la muerte, nos vino la presencia solemne y gallarda; extraordinaria y majestuosa; prodigiosa, infinita e inmensa del gran Antonio Gala.

Prolifero escritor y periodista, hombre de ideas y letras universales. Español y del mundo. Pluralizado y exclusivo; para arroparnos con sus aterciopeladas palabras, hirsutas y sinceras, sin de menos y sin demás. Justas y precisas. Expresada con magistral elegancia; con suma teatralidad dramatúrgica

Con sencillez hipnótica, con fluidez y soltura sugestiva. Adueñándose del escenario, del auditorio, que quedó anonadado ante el peso moral y espiritual de este solitario hombre que pulveriza conceptos falsos y estridentes. Trepidando sin inmutarse la reciedumbre de su figura enjuta.

En cada gesto y ademanes; en cada movimiento estilístico con que le imprime fuerza a la entonación melodiosa de su discurso — conferencia, fascinante, acentúa la veneración espontánea e instantánea de un público harto de escuchar charlas y conferencias cargadas de estereotipos rutinarios, flemáticos, gastados por su manoseo y contaminados por su impureza.

Frente a él, no hay escape posible, no hay desvaríos fantasiosos ni aburrimientos. El orden esmerado de su palabra, la elegancia de su discurso concluye en un éxtasis de recogimiento y respeto. ¡Hasta aplaudirlo perturba!

Él es la palabra encantada que al escuchar (desde la primera vez) no queremos que se nos escape; que cese ese (su) aluvión de prístinas ideas, puras y sinceras.

Tan fuera de lo ordinario, de lo común; libre de las ataduras ideológicas y de los apremios políticos.

Sólo él puede estar por encima de los Sistemas y de los Estados. De los gobiernos y de los gobernados.

Es la expresión gallarda, orgullosa, soberbia, presuntuosa, arrogante y hasta jactanciosa (a él le cabe y le luce), que se subleva contra los convencionalismos fastidiosos, esquizofrénicos, que nos atrofian y limitan.

Así es la recia personalidad y el hombre social, Antonio Gala. Ese que nos trajo el Seminario Internacional de Comunicación de CODETEL, celebrado del 20 al 24 de febrero de 1995, y que concluyó con su portentosa Conferencia de clausura, y que nos trajo todo un infinito mensaje real y claro conjugado en el peculiar título, “El mito de la libertad”, Por eso nos conceptualizó con honestidad, sin ambages ni miramiento, “el hombre no tiene libertad auténtica”.

En efecto, Antonio Gala dictó una impresionante Conferencia con el tema “El mito de la libertad”, en el referido Seminario dedicado a Don Rafael Herrera.

En ella afirmó la carencia de libertad en el hombre, su condición de sometido a valores y patrones falsos e irresponsables.

“No somos más que seres intercambiables galopando hacia la frustración y la locura”, dijo.

Este apasionado cultor de la soledad nos denuncia con crudeza filosófica los andamiajes intrínsecos que se dan en la multimillonaria publicidad y propaganda comercial y política, que nos aleja de la real libertad y nos convierte en seres idiotizados, engreídos, vanidosos, fastuosos, ridículos, rindiéndoles culto a la riqueza, el consumismo y al morbo. Seres atrapados por “frases, pensamientos y opiniones pre-fabricadas”.

Sólo un alto intelectual con la vasta erudición teórica y conceptual, con criterios firmes, como Antonio Gala, nos puede enriquecer y motivar al proporcionarnos estos criterios de un alcance revolucionario de tan vasta dimensión. Es el discurso de un filósofo y un humanista que vino a transmitirnos su energía de cambio; a enseñarnos la auténtica verdad, esa tan celosamente ocultada con argumentos tejidos interesadamente por quienes se han propuestos “descerebrarnos”.

Gala no es un improvisado. No es un visionario fanatizado catapultador de sacrificios y acciones heroica. Su vuelo ha sido dialéctico.

Es la resultante de un intrincado proceso cáustico y reflexivo. Raúl del Pozo nos dice de él que le enseñó a España a ponerse los pantalones.

“Es Antonio Gala, la moneda de un dios arrogante con dos caras, una oculta, pesimista, que dice “no”. No a la OTAN, no a la video-guerra, no a la corrupción.

Hay otro Gala, anarquista comprensivo, que dice “sí” al amor y a la libertad, con un estilo lírico, Juan-romoniano de sensibilidad latina y andaluza”.

“Es narrador poeta, dramaturgo, conferenciante, de conciencia moral muy despierta, cuando comenta la política es burlesco, gallardo, cáustico.

Cuando trata de los sentimientos y de los paisajes, la melancolía o la muerte, lo hace con precisión del hombre que ha vivido todas las pasiones.

Pero en los dos Galas, en el agitador y en el poeta, encontramos sobre todo esa belleza conmovedora, que ha sabido conectar con la sensibilidad contemporánea que lo ha erigido como ídolo…”. Dice.

Así, a grosso modo, nos describe Pozo a este formidable pensador español y universal nacido el 2 de octubre de 1936. Licenciado en Filosofía y Letras, Derecho y Ciencia Políticas y Económicas. Con gran vocación cultural y literaria, que ha cultivado todos los géneros literarios: ensayo, novela, poesía, teatro, periodismo, conferencia, guión televisado y cinematográfico.

Autor de Enemigo Íntimo (1963), Los Verdes Campos de Edén ( 1963), ganador del Premio Nacional de Teatro, Soneto de la Zubia, Testamento Solsticio de Invierno, Si los Padres Hablaran, Anillos para una Dama ( 1973); Las Citaras Colgadas de los Árboles ( 1974); por Qué Corre Ulises? ( 1975); Petra Ragalada (1980); Carmen, musical estrenado en 1968, etc.

Se le debe también el libreto de la ópera Cristóbal Colón y adaptaciones teatrales de Claudel, Albee y Ocasey.

Sus obras han sido traducidas a las lenguas más importantes. Con su primera novela, El manuscrito Carmesí, ha obtenido el Premio Planeta 1990.

El  Gala humanista y poeta más que comprender al género lo evalúa; trata de rescatarlo del vórtice de la tecnología nociva e inhumana.

Lo reconoce como un todo particular y general, con sus alti-bajos y proceso de etapa en la vida “la más solitaria”, “en que es pura esperanza o pura desesperación”.

En el alto vuelo de su palabra, de su mensaje gratificante que reconforta y reivindica las ansias libertarias del hombre, nos traza las pautas de la auténtica liberación. Esa que no es cupón ni trama.

Nos orienta hacia la vía de la salvación, de la “libertad auténtica”, la que debe apoyarse en la “personalidad verdadera e irrepetible en cada ser humano”.

Nos plantea que el hombre se reencontrará consigo mismo y con la Naturaleza en cuanto Naturaleza deba ser obedecida y no aniquilada. “De esta forma el trabajo se convertiría en un acto de creación, no en un castigo”, dice.

“De esta forma, el amor llegará a ser lo que es: una unión con el otro, una afirmación del otro en uno y viceversa, no en una eliminación de nuestros nombres personales, sino en una captación de ellos”.

Es esta la síntesis meridiana, sucinta y elocuente de su magno pensamiento poético, filosófico y humanista.

Gala viene a ser quizás un Krishnamurti, ese otro estupendo pensador espiritual y humanístico que nos diferencia claramente la verdad de la realidad, y nos enrumba por la delicada pendiente de la reflexión y la meditación, para que procuremos el auto liberación auténtica frente a una realidad social traumática y contaminada por la descomposición.

Y es que la privilegiada condición de poeta de Gala  le permite ese nivel único de superioridad humana, le permite ser dios para encontrarse con el auténtico Dios.

El desmitificado de los dogmas mitológicos y los ritos estúpidos como absurdos. El Dios libre de contaminación y de ataduras espuria.

El que nos brinda la auténtica libertad, surgida del rescate de nuestra voluntad. De la justipreciación de nuestra peculiar condición humana.

La que nos separa diametralmente de las ideologías fosilizadas; de los tabúes anquilosantes. En el encuentro del camino que nos matrimonia con fuerza de luz con la Naturaleza, la única Madre de todas las creaciones. He aquí la profundidad de la impronta de Gala. El vuelo indetenible de su infinito pensamiento.

Con Krishnamurdi aprendimos que además de los principios activos del hombre como el temor y el placer, existe el del sufrimiento. Y con Gala podemos objetivizar que la libertad que nos viene de afuera, no de nuestra intimidad reflexiva, es un mito. Una prisión.

“Y que cuando mayor sea la pérdida de identidad, más profunda y más honda será la exigencia de servidumbre. Porque el hombre actual se pregunta, si no soy lo que los otros piensan, que seré? Nadie, nada”

He aquí su anatema cautivante contra la inversión humana y social. El sello gomigrafo de su mensaje revolucionario y subversivo, que se enfrenta a la ideología de la mediocridad, del miedo y los dogmas. Al conservadurismo clerical y religioso y al radicalismo insensato y fascista.

Al socialismo caricaturesco y desalmado y al capitalismo inhumano e individualista. Al colectivismo forzado y a la violencia irreflexiva y emocional.

Gala, el inmenso Gala, apóstol de la legítima libertad, esa que ha sido malograda en los foros internacionales rindiéndoles culto a los egos torcidos de la bestialidad humana.

Con Gala negamos los insípidos criterios conceptuales carcomidos por la barbarie. Con claridad, valentía y seguridad nos orienta para que tremolemos nuestra voluntad adormecida, indecisa y vacilante. “Para que trabaje y se instale libremente en la vida y produzca sus beneficios”.

Cual cirujano introduce el bisturí en la profundidad del sentimiento personal para extirpar el cáncer expresado en la falsa libertad; la impuesta por las bayonetas y las bombas. La construida en hoteles de lujos y brindis publicitados.

Nos predica la auténtica libertad: la que debe surgir de la emancipación de nuestro interior; de nuestra propia liberación espiritual; la que debe surgir del amor por la humanidad y por la madre Naturaleza.

Con él iniciamos el camino para procurarnos un auténtico camino luminoso, negando la libertad surgida de los genocidios y los holocaustos. Esa que nos proporciona esta bárbara sociedad conducida por orangutanes.

La exposición clara de su palabra hecha conferencia electrizó a todo el gran auditorio que nos dimos cita en el confortable y amplio salón Anacaona del Hotel Jaragua, en Santo Domingo, convidados por el Seminario Periodístico Internacional de CODETEL.

Y no era para menos; vertió su palabra sin ningún desperdicio propia de un hombre de dimensiones cósmicas, como él.

Caló y penetró el hondón del alma humana. Soliviantó nuestra conciencia adormecida y endrogada por los invertidos mensajes pre-fabricados por los actuales regentes del mundo.

Su palabra nos estimula a luchar contra el odio y la deshumana competencia consumista.

Antonio Gala no es un nuevo Mesías pero si el portador de un rectilíneo mensaje crítico, hermoso y dulce que nos llena de satisfacción humana.

En él se manifiesta una propuesta clara y profunda de libertad y de amor.

Es la voz apasionada de un heraldo iluminado que carga con vehemencia contra el muro de la oscuridad para que resplandezca la luz; para que se abra paso la esperanza.

Y habrá libertad sin cadenas ni condiciones: sin convencionalismos ni cumplidos hipócritas. Sin precios en oro ni especies materiales. Sólo conquistada con la práctica de la moral y de la decencia. Con el respeto por la condición humana.

Esa libertad de la que nos habla Gala surgirá para quedarse siempre. Así será. Así lo desea la humanidad.

Nota al pie: este ensayo de crítica literaria se publicó primeramente en el periódico provincial-regional Macorix, página (7) siete, edición segunda quincena de febrero de 1995. Y publicado en la página Web, LOS INVITADOS DEL JARDIN, de Antonio Gala y en Poemas y Relatos, en la Web Derivas Charles Baudelaire y en viejoblues, entre otras muchas  páginas Web





 

.