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domingo, 21 de octubre de 2018

Prólogo del libro, Freddy Gatón Arce, vuela en arcoíris de palabras, escrito por, Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez

Prólogo de Rafael Peralta Romero

 El libro de Cabrera Vásquez constituye un justo homenaje a un preclaro escritor, quien amó  la democracia y  las libertades públicas  con similar intensidad de su dedicación al buen decir.
 
                         Freddy Gatón Arce: ante todo,  escritor


Santo Domingo, 19 de agosto de 2019.- Cuando  hablan o  escriben  acerca de la personalidad literaria de Freddy Gatón Arce, muchos se empeñan, hasta la  ofuscación,  en llamarlo poeta, periodista, novelista,  ensayista y abogado. Es cierto que obtuvo título de doctor en derecho,  pero yo nunca lo llamaría abogado. Que haya  sido poeta –y de los buenos-, novelista y periodista dificulta, y resulta injusto, por demás, citarlo  por alguno de estos roles. 

(Foto de Rafael Peralta Romero,  periodista, novelista, cuentista, recientemenrte juramentado como miembro de número de la Academia de la Lengua, autor del presente prólogo del libro Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras).

No solo poeta, no solo novelista, no solo ensayista, no solo periodista, Freddy Gatón Arce ha sido un maestro de la palabra. Maestro de la palabra hay que llamarlo para diferenciarlo del montón de quienes  han escrito o escribimos en cualquiera de los cuatro géneros mencionados. Prócer de la palabra hay que denominarlo  para marcar su firmeza en la defensa de las ideas democráticas y la crítica ante  los abusos de los poderosos.


(Foto del periodista, ensayista, poeta, historiador, panegirista y filosofo, Enrique Cabrera Vásquez (Mellizo), autor del presente libro).
El nombre de Gatón  Arce no anda requerido de títulos (doctor, profesor, director…) ni de oficios en demasía, a mí me basta con mencionarlo con la palabra escritor, que representa una suma de aptitudes que permiten a una  persona un adecuado desempeño      - profesional, no aficionado- en la composición de textos de la índole que fueren.

Hay una vieja polémica sobre la relación periodismo-literatura. Los autores literarios miran con cierto menosprecio al periodista, considerado un escritor menor y temporal. Pero los periodistas hacen mofas de los poetas y pretenden descalificarlos para el ejercicio en las salas de redacción.  Ni una situación ni la otra podía darse con FGA, pues supo desempeñar ambos roles, ya separando una función de otra, ya  combinando ambos ingredientes en el mismo recipiente.

El origen  del periodismo está en  la literatura,  y en consecuencia, el periodismo primitivo  se escribió con criterio  literario. ¿Qué es lo común entre periodismo y literatura? Ambos son formas de comunicación que tienen como instrumento expresivo el idioma. La comunicación es un tronco. El periodismo es una  gran rama y la literatura otra inmensa rama.

Freddy Gatón Arce puso un poco de poesía, en adición a los ingredientes  comunes del periodismo, que  son los hechos. Disolvió  en medida justa y oportuna ese ingrediente,  como se le coloca vainilla a ciertos dulces  o nuez moscada al café.

De ahí que Enrique A. Cabrera Vásquez, poeta y periodista, por demás petromacorisano como FGA, haya emprendido la valiosa tarea  de escribir el ensayo “Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras”, con el que se ha propuesto contribuir al conocimiento   de la calidad de este  gran escritor, de cuya obra, sobre todo la periodística,  considera no ha sido justamente  valorada.

“Freddy Gatón Arce fue multifacético en su activismo social y cultural y la entrega a causa noble y altruista.  No desmayó en ese ejercicio, lo asumió como un sacerdocio sin sopesar las consecuencias. Fue un ciudadano transparente y un periodista limpio y ejemplar. Es más, considero que su obra periodística no ha sido bien valorada y estimada, pues su afán en esa dirección fue altamente significativo”. (pág. 78).

Gatón fue director de la revista Poesía Sorprendida, en torno a la cual se aglutinaron  importantes  poetas dominicanos en la primera mitad  del siglo XX, pero la  máxima expresión de su labor como periodista ocurrió en su período de ocho años como primer director del diario El Nacional, fundado en 1966, en los albores de la fatídica era de los doce años que presidiera el doctor Joaquín Balaguer.

 FGA es fiel a su pensamiento, a su perenne apego hacia la luz y a diferencia de la Poseía Sorprendida, la revista poética que él dirigió en la década de los 40, donde se decía en forma simbólica  lo que  no convenía expresarse explícitamente, en sus editoriales de El Nacional hizo una poesía directa, llana y más temporal, pero fiel al buen uso de la palabra y a sus sentimientos.


 La fidelidad es un requisito para el periodista y también para un literato, lo contrario es la falsedad, la cual  es inadmisible cuando se trata de hechos reales, en el periodismo, y también cuando se manejan situaciones ficticias para crear bellezas, como en el arte literario.

 Un buen periodista  no puede ser indiferente a  la literatura ni a  la historia. Al fin y al cabo,  periodismo es historia,  historia inmediata, claro. Ambos entroncan con la literatura en cuanto al uso de la lengua para informar o convencer.

Se entiende que el periodismo no es para la producción consuetudinaria de poesía, pero los escritos periodísticos de FGA revelan que el oficio de  poeta lo acompañó  para aderezar  mejor sus textos,  teniendo como características las palabras  precisas, el juicio certero y el argumento oportuno.

Me resulta difícil hablar de Gatón Arce sin inmiscuirme con deliberada parsimonia en los artículos y ensayos que publicara como opinión editorial de El Nacional. Por fortuna,  Cabrera Vásquez, en el presente libro, traza una visión total de la personalidad literaria del autor de Vlía. Para internarse en el cosmos poético de FGA, Cabrera hurga en el amplio espectro de las múltiples  corrientes y filosofías  de la creación, expresadas a través de movimientos y tendencias y se permite ubicar el gran poema gatoniano como surrealista, aunque apunta que luego nuestro autor emigró hacia otras corrientes poéticas.

“Vlía es un texto alegórico de acentuada marca surrealista que lo situaría dentro de un reducido círculo de autores…Quizá su timidez conocida lo llevó a expresarse con acento interpretativo. No obstante, cabe apuntar, que para esa época llegaron al país cientos de refugiados políticos españoles entre los cuales hubo hombres vinculados a las letras, intelectuales, profesores universitarios y reconocidos militantes culturales”. (pág.83).

Cabrera destaca en Vlía un hecho revolucionario trascendente, vista la mixtura de elementos sociales, locales y universales que confluyen  en el poema. Apunta que FGA “Apoyaba su trabajo en la libertad métrica sin abandonar lo clásico, creando el verso libre, no sujeto a medida ni rima, el verso blanco sujeto a medida, pero no a rima y el versículo, sin número fijo de rima o de sílabas”.
La tercera dimensión en torno a Gatón Arce (además de periodismo y poesía) que aborda Cabrera es la novelística, fundamentado en las obras “La guerrillera Sila Cuásar” y “La canción de la Hetera”: ”Una muestra de su capacidad para incursionar en diferentes géneros”, sentencia Cabrera. A seguidas ofrece la sinopsis de cada una.

 “La primera novela –dice- fue publicada en 1991, narra la peripecia de una mujer que  desde su infancia enseñó cuál sería su camino, el de andar con rapidez oliendo pólvora y sudando trajines de sangre”. Respecto a “La canción de la “hetera”, publicada en 1992, afirma que “…robustece esa iniciación en el campo novelesco. Sigue el mismo lineamiento epífano de la primera: concisión. No hay desperdicio de espacio, todo está estructura dentro de un esquema escueto”. (pág.57).

 El libro de Cabrera Vásquez constituye un justo homenaje a un preclaro escritor, quien amó  la democracia y  las libertades públicas  con similar intensidad de su dedicación al buen decir.
Constante en sus editoriales: fue la  persistente  denuncia a la violación a la ley por parte de funcionarios, exigencia para respeto a los derechos individuales, fue  firme en la crítica, sereno en los conflictos.

Hablaba de muertes y atropellos locales, sin marginar la poesía ni el pensamiento de hondura y trascendencia.  FGA citaba frases de poetas, refranes y proverbios y  en sus escritos editoriales destacaba los acontecimientos relativos al arte y artistas: muerte de Walt Disney, lo mejor de los Estados Unidos para el mundo; de Agustín Lara, “Los  poetas, no mueren, se ausentan, pero los buenos poetas ni siquiera se ausentan”, “Un lacónico suceso”, cita a César Vallejo para comentar la muerte de Manolo Tavárez.
 

Hay que ver  la pieza  ensayística publicada el 18 de enero  de 1967 a propósito del centenario de la muerte de Rubén Darío.
“Darío revitaliza la poesía española. En sus manos, los metros en desuso, las formas tradicionales y nuevas calidades y combinaciones de la versificación adquieren vida, resonancia y variedad singulares”. “Así de universal es Darío, y así de universal quiere ser este homenaje”.

Cabrera ha demostrado con este interesante ensayo que  Freddy Gatón Arce profesó fidelidad a las palabras y por igual  a los buenos sentimientos. “Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras” es  una obra bien concebida y bien desarrollada y contribuirá  a posicionar  en su justa dimensión a un escritor cabal que ejerció el arte de escribir con los más elevados fines. Saludemos con razonable alborozo este magnífico aporte de Enrique Cabrera Vásquez. ¡Enhorabuena!

Santo Domingo, 19 de agosto de 2019

         Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras

                  Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez

 “La nobleza del oficio de escritor está en la resistencia a la opresión, y por lo tanto en decir que sí a la soledad”. Albert Camus.


" Un  escritor  busca  una  manera  de  eternidad  no  sólo  para  sus  palabras,  lo  busca  además  para  lo  que  ha  escrito,  para  lo  que  ha  sentido,  siente  y  sentirá". José S. Revueltas Valle.


 (Preámbulo inductivo: la lectura de este introito constituye una antesala  necesaria  para valorar  la  hondura de este  ensayo biográfico y su  comprensión  histórica  en su aspecto literario, cultural, social y humano. Quizás un antídoto contra cualquier trivialización  resultante  del egoísmo y  la mezquindad competitiva. En la introducción que sigue a esta nota  abordamos  a vuelo de pájaro  la crisis cultural que actualmente afecta los escenarios  públicos  así como la  apropiación o apropiacionismo literario en la influencia creativa de los autores; tema que nos proponemos ahondar con  mayor amplitud   en un próximo trabajo intelectual  sobre el particular.

El contenido de estas páginas  tratan  de la vida  cultural y productividad  literaria   de  Freddy Gatón Arce, poeta, periodista, abogado  e intelectual, nacido en San Pedro de Macorís,  ciudad considerada como tierra de poetas e intelectuales inmensos,  y quien supo aportar y enseñar cual  culto maestro de dedicación acrisolada, y cuya conducta pública y ejercicio profesional  del periodismo constituyó un crisol referente de dignidad y entereza ciudadana.
   
Introducción.- Crisis cultural y apropiacionismo en la literatura

San Pedro de Macorís,  24-Sep-2018.-  De manera intencional vengo  introduciendo  en cada ensayo o texto libresco que escribo elementos atinentes que conduzca al lector a  indagaciones reflexivas más allá de las páginas  en proceso de lectura.  Mis escritos convertidos en  libros tienen  referencias externas por encima del tema expuesto,  por cuanto su  contenido pretendo ilustrar  y fortalecer lo abordado. Es un hecho ex profeso.

Históricamente ningún hecho particular puede desvincularse de una generalidad ambiental cuyo recorrido y trayectoria social y cultural vincula o influye en actitudes y comportamientos que sobrepase el entorno del protagonista en cuestión, y, que, por consiguientes, pudiese constituir algún estilo educativo  novedoso, además, pone de manifiesto  las relaciones de influencias de determinados autores y géneros literarios en la creación artístico cultural que se va articulando en el proceso de construcción, casos de  la poesía, la literatura o cualquier obra de arte.

Cuando abordamos cualquier recorrido biográfico de algún  personaje de la historia; esos hombres y mujeres cuyas sobresalientes presencia social  lo sitúa en un escalafón relevante antes sus congéneres, considero oportuno fortalecer su evaluación y juicio con algún pasaje interesante de hechos históricos cuya mención o inclusión en el texto procesado pueda aportar algún valor agregado al estudio o ponderación dentro del análisis evolutivo del tema,  (ya lo hicimos en los  libros titulados  Pedro Mir y René del Risco Bermúdez en la literatura dominicana, Jarvis levantado en la memoria y José Hazim Azar, un emprendedor coronado en la historia de San Pedro de Macorís).

 

 


 






 (Fotos de portadas de los últimos libros de la autoría del periodista Enrique Cabrera Vásquez y que menciona en esta texto  alusivo  a  Freddy Gaton Arce, para documentar sus argumentos en relación a su estilo referencial que hace en cada una de su obra).
 

Es el caso del presente trabajo de crítica literaria  titulado, Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras, quien fuera  periodista, abogado, poeta e intelectual dominicano nacido en San Pedro de Macorís, figura que  traspasó su entorno  social y ejercicio profesional hasta descollar en un pluralizado ente público de sonada repercusión cultural y emocional; también hacemos este ilustrativo trayecto. 

Todo personaje de la  historia camina por encima de su ámbito, por cuanto hechos y situaciones que se le anteceden en algún momento pudo haber  tenido  algún influjo intelectual, cultural, literario, político e ideológico, en su forma de ver y entender el cuerpo de lo ocurrido en la incubación de su creatividad cultural, como es el caso que tratamos.

La acumulación del conocimiento cultural e intelectual  está estrechamente conectada con la asiduidad en la lectura, con la búsqueda inquietante de la verdad  y de conseguir  las respuestas más aproximadas en torno a la problemática planteada.
   

¿Acaso puede alguien al que se le presupone cierto  nivel  de conocimiento cultural desdeñar la ascendencia cultural y emocional que tuvo la obra de Homero más allá de su época, escrita   en el siglo VIII a. C. en la constelaciones de escritores y poetas que le sucedieron?   

La fuerza penetrante del pensamiento cultural y literario griego fue tan atrayente que a pesar de ser conquistado por el adversario romano supo transmitir sus valores humanitarios  al grado  de helenizar la civilización de aquella poderosa nación imperial.

Grecia se convirtió en el  pilar histórico  de la cultura occidental y referencia del desarrollo de  las artes, la filosofía, la política  y la ciencia en   contraposición a creencias fundamentadas  en  mitos y percepciones misteriosas.  “Los romanos estuvieron fuertemente influidos por la cultura, la religión y la filosofía griega que asumieron como propias y expandieron por toda Europa”. Hasta los Juegos Olímpicos iniciados por ellos fue asumido por occidente con paternidad deportiva seguida. Bajo su  modelo la poesía  ha tenido una función de motivación emocional, humana y  social donde el dolor, la angustia, el despotismo, los anhelos y frustraciones humanas  y la lucha  por  causas redentoras de los oprimidos ha tenido el más potente sonido de sensibilidad en la conciencia de los hombres.

 ¿Qué hubiese sido de la poesía, la filosofía, la ética  y hasta los deportes si Grecia no hubiese tenido esa caterva de ilustrados y forjadores del pensamiento humano?

¿Qué hubiese sido de las artes plásticas y la arquitectura  si  Roma no nos hubiese dado la fantasía creativa de Miguel Ángel Buonarroti, Leonardo da Vinci y Sandro Botticelli?

¿Qué hubiese sido del nacimiento, desarrollo e inspiración en la  creatividad  en  la américa hispánica si la Madre Patria no hubiese tenido su Siglo de Oro productor de un  "boom literario de irrepetible calidad" en el que surgió la magia y el ingenio artístico  de Diego Velázquez, Francisco de Goya,  Murillo, Zurbarán, Valdés Leal; época que  sirvió de base, inspiración e influencia de lo que sería el descollo del talento en la literatura dominicana?
 
¿Qué hubiese sido del mundo de hoy sin los cambios cualitativos  que produjo ese movimiento cultural, económico y político iniciado  en Italia y que se extendió por toda Europa durante los siglos XV y XV1 conocido como el nombre conceptual del Renacimiento?

Jamás podemos sacar de nuestra memoria cultural aquellas obras de la antigüedad. Clásicos  como La divina comedia, del italiano Dante Alighieri, "obra clave del Renacimiento"; ni la Ilíada y la Odisea, de Homero, considerado el  más grande poeta de la literatura griega; ni la  Eneida, del romano Virgilio, quien  en su agonía de muerte pidió  fuera destruida al entender que no había  logrado en esa obra la perfección como era su deseo.

Toda la grandeza  de Sócrates, Platón, Aristóteles, Eurípides, Sófocles, Esquilo, Aristófanes, Petrarca,  Alfonso X el Sabio, Carcilaso de la Vega, Góngora, Petronio,  Boccaccio, Quevedo, Cervantes, Lope de Vega, se inspiró en la apropiación del conocimiento que le precedió.

Las renombradas figuras de la intelectualidad  griega y romana tuvieron  en las civilizaciones que se desarrollaron a orillas  de los ríos Tigris, Éufrates, y Nilo, en Asia y  África, fuentes de inspiración nutricionales  de su saber. Egipto se convirtió en la concurrencia  de  civilización y cultura que ambos pueblos supieron adoptar, modificar, agregar  y actualizar al acervo  de su profunda sabiduría y cultura social. Cuando el historiador griego Heródoto llegó a  esa civilización milenaria buscando datos e información para la  compilación  histórica de las guerras médicas se encontró con  una cultural social  que superaba ampliamente la de Grecia. Egipto hipnotizaba a todos el que llegaba a sus tierras por sus monumentos faraónicos, su devoción religiosa  y sapiencias  de sus hombres cultos. Los griegos maravillados recurrieron a imitar su mitología, divinidades y  rituales  creencias politeístas, que también influyó en  la romana.

Los egipcios a su vez se apropiaron del aporte de la civilización sumeria (3.000-2.350 a.C.), -del periodo neolítico-, considerada la primera civilización urbana de la humanidad, así como la de acadio y semita. De los primeros reprodujeron su panteón religioso. “La humanidad le debe a los sumerios un enorme conjunto de avances que significaron una gran transformación en todos los aspectos de la vida. Quizá los más importantes fueron la invención de la rueda en torno al año 3,500 a.C. y la  escritura cuneiforme en torno al año 3,300 a.C. pero no debemos olvidar que fueron los precursores de las primeras ciudades (Umma, Uruk, Ur, Eridu, Nipur, Kish y Lagash entre otras). Los sumerios nos dejaron las primeras leyes escritas;  inventaron el sistema sexagesimal, pioneros de la medicina; de las construcciones con ladrillos de adobe y los arcos arquitectónicos." Además.   "Las ciudades Sumerias eran ciudades estado, tenían un Rey, que a su vez era sumo sacerdote, hablaban en un idioma llamado: ENKI. Desde muy temprano poseían leyes y las comenzaron a escribir.  Tenían una economía fuerte y organizada en  agricultura, ganadería: Domesticación de animales (camellos, caprios, vacunos, aves) Bancos: Préstamos, depósitos (Zigurats)."

El poema  sumerio de Gilgamesh sirvió de base cultural en la  posterior confección  de   “La Ilíada” y “La Eneida”, y en  las obras famosas  que aparecieron en la  Edad Media, verbigracia: “La Divina Comedia” de Dante, “ La Summa Teológica” de Tomás de Aquino, “El Cantar de los Nibelungos”, de  Richard Wagner “Los viajes de Marco Polo”, “El Cantar de Mío Cid”, atribuido a Per Abbat,   “El Libro del Buen Amor” conocido también como del Arcipreste o libro de los cantares, de Juan Ruiz; “Las Coplas” de Jorge Manrique o “La Celestina”, de Fernando de Rojas. Todo ese arsenal literario tuvo su desarrollo en la apropiación o apropiacionismo con la singularidad de que sus  autores tuvieron la capacidad de adaptar, innovar, actualizar, enriquecer, y revolucionar su contenido desde su  peculiaridad particular  brindándole a la humanidad obras de una originalidad sin igual.
 

La Biblia el libro mundialmente más popular, traducido en casi todas las lenguas e idiomas es una apropiación del Talmud originado en traducciones orales a través de varios siglos y cuya exégesis ha tenido un valor de continuidad histórica. Sus postulados han sido consagrados como código de comportamiento humano. “La religión judía, como es hoy día, desciende en línea directa, sin interrupciones a través de todos los siglos, de los fariseos”. Toda literatura parte de una raíz histórica que en la medida que se va ampliando se va modificando, actualizando, y adaptándose a la realidad imperante. 

Ha sido desde  esa continuidad de  apropiación o apropiacionismo asimilativo cultivando el contenido artístico de la escritura cuneiforme y pictográfica, y las creaciones culturales de semitas,  sumerios, acadios, asirios, caldeos, persas,  que egipcios, griegos y romanos, produjeron en su interior innovaciones revolucionarias  que lo situaron en una admirable altura cultural y literaria  histórica. Incluso hasta de China y  La India recogieron y heredaron valiosos aportes de su cultura y variada civilización milenaria. Los chinos  que escribieron sobre  la seda y bambú, el  “Tao Te Ching”, de Lao Tse, escrito en el siglo IV a. C. que Inventaron  el papel hacia el  año 205 después de C, y se afirma que hasta inventaron la  imprenta entre los años de  1041 y 1048.  Mientras que en La India se produjeron los extensos poemas sánscritos de características  épico-mitológico conocidos como  “Mahabarata”, “Ramayana”, y “Baideheesha Bilasha”, escritos sobre hojas de palma.

Todo ese talento inmenso entregado en creaciones sensacionales se ha transmitido como energía en la visión de los que desde el pináculo de su propia originalidad  le han dado  continuidad a la cultura escrita y al arte  pictórico, de los genios artísticos ya mencionado.

El escritor y poeta  estadounidense Henry Charles Bukowski, nacido en Alemania, tuvo en Tolstoi, Gorki,  Dostoievski, y Hemingway, las fuentes primarias de su inspiración. Se apropió de sus lecturas para trascender como un escritor con signo original.

 Esa tendencia cultural adherente hacia el apropiacionismo se percibe en  la segunda carta del escritor  y poeta checo Rainer María Rilke, señalado como uno de los poetas más importantes en  lengua alemán y de la literatura universal, al joven cadete  Franz Xaver Kappus, quien  aspiraba convertirse en poeta.  El carismático autor de Historias del buen Dios (1904), Libro de horas (1905), el Libro de las imágenes (1902-1906), Los cuadernos de Malte Laurids Brigge (1910),  La canción de amor y muerte) (1912), Las Elegías de Duino (1923), los Sonetos a Orfeo (1923), y Carta a un joven poeta ( 1929), que recoge las epístola que respondía al mencionado cadete; le recomienda sin egoísmo  a su admirador y  aspirante a poeta que se recluyese en  la lectura de La Biblia, los libros del escritor danés Jens Peter Jacobsen y las esculturas de Auguste Rodin, por el cual Rilke sentía una simpatía fascinante.

Es necesario apreciar la influencia que tuvo la lectura apasionada de novelas  de caballería  en el período medieval en el español Miguel de Cervantes Saavedra, novelista, poeta, dramaturgo y soldado, de cuya inspiración partió su  apropiacionismo literario para la construcción de su famosa obra “Don Quijote de la Mancha”.

En la Gesta de Beowulf, un poema anónimo épico anglosajón, encontramos en medio de su estructura  intercalo de versos de la Eneida de Virgilio, notándose la influencia de ese autor en  la composición de Finnsburh. El apropiacionismo literario se da continuamente, es resultado del vasto acopio de la lectura intelectual.
 

(Foto del escritor  Jimmy Sierra,  autor del libro  Idolatría, referenciado en este trabajo como ejemplo de la apropiación o apropiacionismo literaria y cultural).

Ese  apropiacionismo o apropiación en la literatura en el pensamiento intelectual  lo encontramos en el  libro del amigo  Jimmy Sierra, titulado Idolatría, con una extensión de 392 páginas, en el mismo  encontramos retrospecciones que nos refrescan y retroalimentan  al aludir  obras  de Pitaco, del brasileño Guilherme, anécdota  bíblica de Salomón, alusiones fragmentaria de Bertolt Brecht, del Éxodo del pueblo judío, del recorrido del hebreo Moisés, del  “Quijote” de Cervantes, el poema “Compadre  Mon” de Manuel del Cabral, citas de los siete sabios de Grecia, referencias  de una novela de Voltaire, de Heráclito,  de Nietzsche, Sófocles, Lope de Vega, poema de Walt Whitman, el dramaturgo español Alejandro Casona, y de obras de los escritores  criollo Lipe Collado, Santiago Estrella Veloz; Juan Bosch, Pablo Neruda,  Carlos Dobal Márquez. Nos menciona al clásico francés  Honorato de Balzac, al mexicano  Juan Rulfo, a la dominicana  Aida Cartagena Portalatín, al  poeta húngaro Imre Madach, a los historiadores criollos  Emilio Cordero Michel y  Emilio Rodríguez Demorizi, entre otros varios autores, con lo cual  tiende a refrescar su obra y a llevar al ánimo del lector por rutas superior al texto en lectura.
 

Otro indicio  de apropiación  o apropiacionismo literario lo  podemos ver  en el escritor de fuste Tulio Manuel Cestero (1877--1935)  conocido  por su obra cumbre  "La Sangre”. Su base intelectual partió del  arraigó de su lectura devota  del italiano  D' Annunzio y la novelística del francés  Émile Zola. Una de su obra,  Hombres y piedras (1915), le fue prologada  por el famoso poeta nicaragüense  Rubén Darío. 

A lo largo de  su rica producción este inquieto y rebelde autor de sobresaltado activismo político  desarrolló  formas y estilos  que contemporizaran  con los géneros literarios  proclives a su temperamento cultural. Su condición de crítico literario mordaz  lo llevó  a desarrollar un instinto intelectual  perspicaz destacado.

La influencia que determinado  autor  o autores ejercen sobre un escritor  tiende a convertirse en pieza  enriquecedora  de su creación. El norteamericano Edgar Allan Poe y el novelista, cuentista, y  músico, alemán Eta Hoffman tuvieron una presencia rutilante en la ironía poética del  francés Charles Baudelaire.

Esa apropiación o apropiacionismo literario se palpa con amplitud  en el pensamiento humanista representado en el francés Montaigne, el  inglés  Tomás Moro y  el italiano Maquiavelo,  entre otros, cuyas premisas  se convirtieron  en el preludio  de las ideas ilustrativas y progresistas en que se sustentó el desarrollo progresivo de la democracia.

Siempre hay un antes que ejemplariza y traza las pautas, es la dialéctica de la continuidad del conocimiento que  mejora, eleva, amplía y profundiza su calidad.  Shakespeare, Moliere y  Corneille, transformaron la dramaturgia dotándola de un  mayor colorido y alcance contrastante.

El Siglo de las Luces (XV111) conmocionó la literatura.  Quedó impreso en la historia por la honda lucidez  de sus autores. Desde la contestación rebelde de sus propiciadores el espacio de las letras, la plástica y la filosofía emergieron con desafío ruidoso. Su aparición  revolucionaria  tuvo en la Iglesia su más férreo  opositor.  Con  temeridad resuelta se dedicaron a transmitir en su producción cimera las preocupaciones sociales y políticas de su tiempo. Sus voces denunciaron y enfrentaron  el absolutismo imperante en Europa.  Abrió la puerta de  la conciencia que hizo posible la  Revolución Francesa, (1789),  La Comuna de París, (1871),  la revolución mexicana, (1910),   y la Revolución Bolchevique, (1917).  Con estos acontecimientos históricos vinieron  postulados de principios universales  basados en el respeto a la condición humana.
 
La humanidad patentizó en las lides políticas los Derechos Humanos como una conquista universal  de cardinales principios innegociables. Bajo su influjo y motivación  las palabras Libertad, Igualdad, Justicia,  y  Democracia,  resonaron  con fuerza popular en el sentimiento  de los expoliados y  oprimidos. Se amplió el horizonte intelectual y el mundo se interesó en la  justicia como reparación moral.  La poesía  actualizó su sonido musical para  recoger la angustia de las victimas del sufrimiento. Todo ese contexto histórico  influyó en la personalidad sensible de los indignados.

Sobre el peso en la conciencia literaria y cultural  de los  abanderados  de la poesía, el teatro, y toda manifestación artística-literaria, se construyó un nuevo mundo intelectual cultivado en su apropiación, en su lectura. Enriqueciendo con innovaciones y espíritu crítico todo ese pasado esplendoroso cuyos moldes legamos con orgullo.

El mundo hispano si bien fue influenciado por la intelectualidad europea, en especial la procedente de España, Francia e Italia, tuvo en sus hombres y mujeres de letras una iniciación  genuina y  vernácula de competencia calificada

Nuestro sensacional  Pedro Henríquez Ureña, el intelectual más alto que ha producido el país,  nos enseña  que en  el siglo XV111 se destacaron  los escritores  "Tomás Rodríguez de Sosa, Luis Jerónimo de Alcocer, fray Diego Martínez, Baltasar Fernández de Castro, Tomasina de Leiva y Mosquera.  Según el bibliógrafo norteamericano Isaiah Thomas, entonces se introdujo la imprenta; pero sólo se conocen impresos dominicanos posteriores".

Agrega el filólogo dominicano. "En el siglo XV11 se distinguen Pedro Agustín Morell de Santa Cruz (1694-1768),  autor  del primer bosquejo, escrito en rica prosa, de Historia de la isla y Catedral de Cuba, donde fue obispo y tuvo valerosa actitud, bien recordada ante  los ingleses que invadieron La Habana en 1762; el P. Antonio Sánchez Valverde (1729-1790) que, en su tratado El predicador (Madrid, 1782) intenta corregir los entonces frecuentes abusos de la oratoria sagrada (eran los tiempos de fray Gerundio), y que en su Idea del valor de la isla Española (Madrid, 1785) aboga en favor de su tierra, descuidada por la metrópolis; Jacobo de Villaurrutia (1757-1833), polígrafo  a quien  interesaron  muchas de las grandes y de las pequeñas cuestiones humanas y la situación de los obreros hasta  el progreso del teatro y de la prensa;  sus variadas publicaciones abarcan desde una selección de una  novela inglesa de Frances Sheridan (Alcalá de Henares, 1792); con Carlos María de Bustamante fundó el primer Diario de México (1805)". Y que conste, que en el siglo XVI se comenzó a perfilar  lo que sería la incursión del género poético en la isla.  Como lo fueron: "Elegías de varones ilustres de Indias (1589), de Juan de Castellanos (1522-1607); Discursos medicinales (obra inédita cuyo manuscrito se encuentra en la Universidad de Salamanca), de Juan Méndez Nieto (1531-1616) y Silva de poesía (obra también inédita depositada en la Biblioteca de la Real Academia de Historia de Madrid), de Eugenio Salazar y Alarcón (1530-1602)". 
 

De lo publicado por Pedro Henríquez Ureña y los señalamientos al respecto expuesto por investigadores en la materia, podemos colegir  con conocimiento literario e intelectual, que los  siglos  XVI, XV11, y XV111 tuvieron  una repercusión asombrosa en la tendencia hacia las letras y el accionar culto en los hombres y mujeres  de vocación libresca en nuestro país.  La iniciativa, apertura y aporte en  esos periodos históricos sirvieron  de antesala y motivación continua en la vasta producción que le siguieron en los distintos géneros literarios sucedidos. Estudiarlos, escudriñarlos, valorarlos y entenderlos en su profundidad cultural constituyó una pauta posterior  en la consecución de los objetivos y metas trazadas en la impronta de las letras dominicana.
Sobre sus pilares florecieron y se desarrollaron nuevas ideas más acorde y revolucionaria. Moderna y de cambio que se han ido transformando a la par del ritmo del mundo humano. Toda la historia de la humanidad está llena de saltos cualitativos en procura del bien común. Del progreso de la sociedad. Las ideas  innovadoras tienen un ingrediente revolucionario mayormente  si la misma se identifica con los anhelos de los que padecen desigualdades  y abusos.

El curso seguido por la literatura dominicana ha sido zigzagueante. Su potencialidad muestra  algún prototipo de retrasos venido del desenlace repetido de los gobiernos dictatoriales que hemos tenidos. Superar la dependencia emocional  del largo tiempo de colonia y dominio español y europeo  implicó un gran desprendimiento cultural y emocional.

El entremés del  autodidacta Cristóbal de Llerena cuya escenificación teatral contenía una  sátira irónica en torno al desenvolvimiento de la vida de la isla provocó la ira de los poderes españoles que raudo lo deportaron hacía, Nueva Granada, hoy  Colombia; su obra marcó el camino emprendido desde entonces.  Por su creación  literaria  se le considera, junto a Leonor de Ovando y la poetisa Elvira de Mendoza, como los pioneros  en el que quehacer literario de la colonizada isla La Española.
 

Fue  a partir de la creación del grupo socio cultural Los Amantes de las Letras surgido  en  los años 1853 y  1854 y con la motivación directa del consagrado intelectual  puertorriqueño Eugenio María de Hostos que se acentuó la inclinación de una literatura con ribetes  independiente acompañado de  un auge en su producción en la parte este de nuestra  isla.

Dentro de esa asociación se encontraban Manuel de Jesús Galván,  Francisco Javier Angulo Guridi, Manuel de Jesús Heredia, Manuel Rodríguez Objío, José Gabriel García, y  la  activa presencia de los exiliados españoles Javier Malagón,  Vicente Llorens, Antonio Bernard, el linotipista Fernando Toba y el pintor surrealista Eugenio Fernández Granell,  entre otros.

En 1873  surgió la Sociedad Literaria La Juventud, constituida jóvenes con vocación cultural, al igual que la Sociedad Amigos del país,  con el propósito de unificar a los hombres cultos alrededor de un proyecto  con tendencia patriótica. Los años de 1868 a 1874 se caracterizaron por una constante tensión política  por los enfrentamientos entre los caudillos Pedro Santana,  Manuel Jiménez, y  Buenaventura Báez.  

Nuevos aires desconocido en el ambiente intelectual comenzaron a flotar. Sus obras recogían esa mezcla de  sincretismo cultural proveniente de lo español,  francés, holandés, africanos,  indígena y  judío, que caracterizó el proceso de conquista, ocupación y guerras tanto de nuestro territorio  como del Caribe atlántico.



La poesía, la novela y la línea editorial del ejercicio periodístico  y la vida pública de Freddy Gaton Arce refleja su gran preocupación social y humana universal.  Se incubó  en esos postulados y transformaciones estremecedoras. El talento de su obra se desarrolló partiendo de esos pilares heredados; de su identificación con el pensamiento crítico de aquellos movimientos que traspasaron la frontera de su tiempo y que hoy influyen en el pensamiento cultural, literario  e intelectual.

A través de los mismos  pudo catalizar  su descontento y  rebeldía cualitativa  sin ambages. Su obra intelectual  es un  aporte certero a la calidad literaria y  un rechazo a lo trivial y frívolo que  surge  en contraposición a lo conceptual, profundo, diáfano y autentico.

Su coraza era su propia personalidad libre de sospecha y dudas interesadas. En él habló la conciencia de lo justo, la esperanza de los afligidos y  se visualizó el  horizonte de los confundidos, y  apareció luz en el camino de los desesperados e incrédulos de posibilidades. Porque como dijera  el maestro Borges: “Somos nuestra memoria, somos ese museo quimérico de formas cambiantes, ese montón de espejos rotos". "Todo lo que nos sucede, incluso nuestras humillaciones, nuestras desgracias, nuestras vergüenzas, todo nos es dado como materia prima, como barro, para que podamos dar forma a nuestro arte".

Le herencia culta de las letras ha entrado a un caos angustioso por el rumbo que en los últimos tiempos ha tomado el acontecer cultural dentro y fuera del país.  La disonancia e incoherencia con el legado encontrado es ampliamente contradictorio y contratante.  Los medios de comunicación radial, escrito y televisado que fueron promotores  de la buena producción cultural y literaria se han distanciado de esa tarea educativa e instructiva.

Hoy, con honrosas excepciones,  esos espacios se han puesto en manos de la improvisación inculta e iletrada. Una rápida mirada de su producción así lo demuestra. Por eso, al hablar o escribir un ensayo biográfico de Freddy Gaton Arce, como de cualquier otro intelectual nativo o extranjero de su categoría, podría ser hasta riesgoso y exponerse a recibir la burla ante  el predominio actual  de  actitudes de  mofa e indiferencia hacia las personas  de estudios.

Vivimos en medio de la banalización de los atributos y el culto a los espectáculos ruidosos y comunes. Lo estridente ha sustituido la calidad  del hecho cultural.  Desde el común del ciudadano se mira  de manera insignificante y peyorativa a los dotados de algún talento o conocimiento culto. Se prefiere  lo simple, lo impreciso, lo sutil. Lo que no requiere  de preparación ni  dedicación. El ambiente de la diversión pura y simple acapara mayor atención que la puesta en circulación de un libro, la escenificación de una obra de teatro, la exhibición  de pinturas artísticas de la plástica, la conferencia de un hombre o mujer erudito, entre otras.  La rapidez del inmediatismo, del modernismo contagiante  de las redes sociales ha ido deshumanizando las relaciones sociales. Todo fluye en un aparataje contaminante e irrespetuoso; no hay reparos ni principios en ese automatismo farandulero  y consumista. Hay una decadencia de las ideas y  un abandono de los moldes paradigmático en que se sustentó éticamente la sociedad en su largo trayecto de  desarrollo cultural y científico. Hoy, en República Dominicana, vemos las librerías, bibliotecas, salas de lecturas  y Ferias del Libro, con una presencia reducida.

El  hecho cultural ha ido perdiendo su carga emocional,  ha descendido a una  permeabilidad y  promiscuidad  aberrante e  insustancial,  alejándose de su originalidad estilista y metódica. Estamos siendo contaminados por  un utilitarismo comercial ruidoso, reduccionista  e insubstancial. 

El empobrecimiento es  tan evidente  que va marcando rituales espacios acumulativos. El montón que se le aglomera lo disfruta con diversión cadenciosa. El concepto real de lo que es y significa la cultura y el valor del arte  en la actualidad  representa  tantas cosas comunes que  escasamente  expresa un contenido importante. 

Lo estrepitoso y populachero predomina con estupor. La  cualquierización llena de estupidez carnavalesca traza las líneas culturales rompiendo el aura de la excelencia, de la solemnidad,  para dar paso al espectáculo de los embaucadores y  farsantes endiosados por los medios audiovisuales.

Los medios de comunicación dedicados mayormente a su negocio publicitario no vacilan en masificar y promover  esa frivolidad energúmena que envilece, enajena  y rebaja la capacidad de entendimiento cultural y la autoestima personal. Lo importante es hacer  negocio a expensa de la seriedad  y de la producción de un arte, una literatura  y una cultura decente, fresca y de calidad.

No somos  elitistas a ultranza sino defensores del valor de la cultura literaria  en sus distintas manifestaciones.  Apreciando  en su magnitud  la necesidad de  respetar su  jerarquización histórica en la civilización humana, pues,  su producción, ejercicio y dedicación,  representa esfuerzo, consagración, creatividad, entrega y amor en una brega de actitud personalizada cuyo resultado valoriza y prestigia a su hacedor. 

Por estas razones, debemos ser exigentes con la cultura;  su producción  autentica y genuina dependerá  siempre de las manos de los dotados, de los leídos,  de los artistas como tales; por  los sacrificados por la humanidad;  por los de conciencia sensible y con vocación de solidaridad encarnada. Y esa condición, esa particularidad, no se encuentra  en las personas ordinarias sino en los que  se  dedican con entusiasmo y ahínco   a acopiar    inteligencia y entendimiento intelectual  mediante el estudio, la investigación y el trabajo específico constante. Esta facultad  no puede ser remplazada por la improvisación alegre y desmeritante.
 

El escritor mexicano jalisciense Juan José Arreola Zúñiga (21-9- 1918,  al  3-12- 2001)  establece que  “la cultura  es una acción que debe ocurrir entre las cuatros paredes  de la personas que antes de dormirse se entrega a ese otro sueño portentoso del poblado de miles de sueños que es la lectura, de su lectura, que es el libros, los libros”. “Hay una sola cultura que es lo que circula  en un ser humano como su propia sangre tomando de esa lectura lo que me pertenece, el conocimiento,  la intuición y el conjunto de intuiciones creadora   y reproductora a través de unos cuantos mediato o inmediatos  de la conciencia acumulada", nos indica el autor de Sueño de Navidad, Confabulario,  Bestiario, La  Migala, Varia invención,  Estas páginas mías. La Feria,  No hay dos sin tres. Historias de adulterio,  Punta de plata,  El sapo, Tres días y un cenicero y otros cuentos,  entre otros temas, que le dieron notoriedad.
 
La contaminación y  deterioro del cauce cultural nos lleva a pensar que al parecer ya no hay espacio para los Freddy Gaton Arce, Pedro Mir, Manuel del Cabral, Salomé Ureña,  Pedro Henríquez Ureña,   Fabio Federico Fiallo,  Aída Cartagena Portalatín, Virgilio Díaz Gullón,  Franklin Mieses Burgos,  Gastón Fernando Deligne, José Joaquín Pérez, Hilma Contreras,  Manuel Rueda,   Héctor Inchaustegui Cabral,  Flérida García de Nolasco,  Julia Álvarez, Máximo Avilés Blonda, Emilio Morel Peguero,  Miguel Alfonseca,  Cayo Claudio Espinal, Jeannette Miller,  Domingo Moreno Jiménez,  Mariano Lebrón Saviñón,  Federico Jóvines Bermúdez,  René del Risco Bermúdez,  Norberto James Rawlings,  Mateo Morrison, Tony Raful, Francisco Domínguez Charro, Víctor Villegas, Carmen Natalia Martínez, Rafael González Tirado, Diógenes Céspedes, Miguel Solano, Ana Teresa Martínez, Aurelia Castillo, Enrique Cabrera Vásquez,   entre otros, y que su  idónea espacialidad trascendente, "un sitio electivo que representa una especie de paradigma poética",  ha sido ocupado por charlatanes encofrados de patrañas y sonoridad vacua  tenido en la actualidad como  "fenómenos"  en  esta era de post-modernidad que deshumaniza todo lo que toca, convirtiendo  el mundo humano, animal   y la naturaleza en un gigantesco negocio corporativo de obtención  de riqueza por la riqueza sin  aprensión  ni arrepentimiento autocrítico.
 
(Foto del  escritor Premio Nobel de Literatura 2010 Mario Vargas Llosa, mencionado en la argumentación que hace Enrique Cabrera Vásquez sobre apropiación o apropiacionismo literaria y cultural).

El trayecto de este fenómeno ha alarmado al escritor Premio Nobel de Literatura 2010 Mario Vargas Llosa quien  con ardor literario, cultural e intelectual produjo el clarividente ensayo titulado "La Civilización del Espectáculo",  en el que sostiene con la  autoridad de su prestigio literario, cultural e intelectual,   "que la cultura ha devenido en puro espectáculo". Indica,  "la época actual puede ser definida como la era pos cultural. Un momento histórico en el que la filosofía y las bellas artes han sido desplazadas por el deporte, la gastronomía y la música popular; y donde la palabra escrita ha sido condenada a la desaparición total debido al surgimiento de medios electrónicos como el ipad o el ebook que favorecen la cultura audiovisual".

Expresa  en su enjundioso libro que vivimos "la banalización de la cultura que ha tenido lugar desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que ya fue anunciado por prestigiosos autores como T. S. Elliot en su obra Notes Towards the Definition of Culture (1948), George Steiner en In Bluebird Castle. Towards the Redefinition of Culture (1971) y, sobre todo, en La Société du Spectacle de Guy Debord (1967)".

Señala con energía teórica: "En la civilización del espectáculo es normal y casi obligatorio que la cocina y la moda ocupen buena parte de las secciones dedicadas a la cultura y que los “chefs” y los “modistos” y “modistas” tengan en nuestros días el protagonismo que antes tenían los científicos, los compositores y los filósofos. Los hornillos y los fogones y las pasarelas se confunden dentro de las coordenadas culturales de la época con los libros, los conciertos, los laboratorios y las óperas, así como las estrellas de la televisión ejercen una influencia sobre las costumbres, los gustos y las modas que antes tenían los profesores, los pensadores y (antes todavía) los teólogos. Hace medio siglo, probablemente en Estados Unidos era un Edmund Wilson, en sus artículos de The New Yorker o The New Republic, quien decidía el fracaso o el éxito de un libro de poemas, una novela o un ensayo. Hoy son los programas televisivos de Oprah Winfrey. No digo que esté mal que sea así. Digo simplemente que es así"
 

Manifiesta con brillantez intelectual. "El vacío dejado por la desaparición de la crítica ha permitido que, insensiblemente, lo haya llenado la publicidad, convirtiéndose esta en nuestros días no sólo en parte constitutiva de la vida cultural sino en su vector determinante. La publicidad ejerce una influencia decisiva en los gustos, la sensibilidad, la imaginación y las costumbres y de este modo la función que antes tenían, en este campo, los sistemas filosóficos, las creencias religiosas, las ideologías y doctrinas y aquellos mentores que en Francia se conocía como los mandarines de una época, hoy la cumplen los anónimos “creativos” de las agencias publicitarias. Era en cierta forma obligatoria que así ocurriera a partir del momento en que la obra literaria y artística pasó a ser considerada un producto comercial que jugaba su supervivencia o su extinción nada más y nada menos que en los vaivenes del mercado. Cuando una cultura ha relegado al desván de las cosas pasadas de moda el ejercicio de pensar y sustituido las ideas por las imágenes, los productos literarios y artísticos pasan a ser promovidos, y aceptados o rechazados, por las técnicas publicitarias y los reflejos condicionados en un público que carece de defensas intelectuales y sensibles para detectar los contrabandos y las extorsiones de que es víctima. Por ese camino, los esperpentos indumentarios que un John Galliano hace desfilar en las pasarelas de París o los experimentos de la nouvelle cuisine alcanzan el estatuto de ciudadanos honorarios de la alta cultura".

Cuestiona con preocupación cultural. "La masificación es otro dato, junto con la frivolidad, de la cultura de nuestro tiempo. En este los deportes han alcanzado una importancia que en el pasado sólo tuvieron en la antigua Grecia. Para Platón, Sócrates, Aristóteles y demás frecuentadores de la Academia, el cultivo del cuerpo era simultáneo y complementario del cultivo del espíritu, pues se creía que ambos se enriquecían mutuamente. La diferencia con nuestra época es que ahora, por lo general, la práctica de los deportes se hace a expensas y en lugar del trabajo intelectual. Entre los deportes, ninguno descuella tanto como el futbol, fenómeno de masas que, al igual que los conciertos de música moderna, congrega muchedumbres y las enardece más que ninguna otra movilización ciudadana: mítines políticos, procesiones religiosas o convocatorias cívicas. Un partido de futbol puede ser desde luego para los aficionados –y yo soy uno de ellos– un espectáculo estupendo, de destreza y armonía del conjunto y de lucimiento individual que entusiasma y subyuga al espectador. Pero, en nuestros días, los grandes partidos de futbol sirven sobre todo, como los circos romanos, de pretexto y desahogo de lo irracional, de regresión del individuo a la condición de parte de la tribu, de pieza gregaria, en la que, amparado en el anonimato cálido e impersonal de la tribuna, da rienda suelta a sus instintos agresivos de rechazo del otro, de conquista y aniquilación simbólica (y a veces real) del adversario. Las famosas “barras bravas” de ciertos clubes y los estragos que han provocado con sus entreveros homicidas, incendios de tribunas y decenas de víctimas muestra cómo en muchos casos no es la práctica de un deporte lo que imanta a tantos hinchas –casi siempre varones aunque cada vez haya más mujeres que frecuenten los estadios– a las canchas, sino un espectáculo que desencadena en el individuo instintos y pulsiones irracionales que le permiten renunciar a su condición civilizada y conducirse, a lo largo de un partido, como miembro de la horda primitiva".

Nos dice con acento de enojo. "Tampoco es casual que, así como en el pasado los políticos en campaña querían fotografiarse y aparecer del brazo de eminentes científicos y dramaturgos, hoy busquen la adhesión y el patrocinio de los cantantes de rock y de los actores de cine. Estos han reemplazado a los intelectuales como directores de conciencia política de los sectores medios y populares y ellos encabezan los manifiestos, los leen en las tribunas y salen a la televisión a predicar sobre lo que es bueno y es malo en el campo económico, político y social. En la civilización del espectáculo el cómico es el rey. Por lo demás, la presencia de actores y cantantes no sólo es importante en esa periferia de la vida política que es la opinión pública. Algunos de ellos han participado en elecciones y, como Ronald Reagan y Arnold Schwarzenegger, llegado a tener cargos tan importantes como la presidencia de Estados Unidos y la gobernación de California. Desde luego, no excluyo la posibilidad de que actores de cine y cantantes de rock o de rap puedan hacer estimables sugerencias en el campo de las ideas, pero sí rechazo que el protagonismo político de que hoy día gozan tenga algo que ver con su lucidez o inteligencia. En absoluto: se debe exclusivamente a su presencia mediática y a sus aptitudes histriónicas".

Explica con aire culto. "Porque un hecho singular de la civilización del espectáculo es el eclipse de un personaje que desde hace siglos y hasta hace relativamente pocos años desempeñaba un papel importante en la vida de las naciones: el intelectual. Se dice que la denominación de “intelectual” nace durante el caso Dreyfus, en Francia, y las polémicas que desató Émile Zola con su célebre “Yo acuso”, escrito en defensa de aquel oficial judío falsamente acusado de traición a la patria por una conjura de altos mandos antisemitas del Ejército francés. Pero, aunque el término “intelectual” sólo se popularizara a partir de entonces, lo cierto es que la participación de hombres de pensamiento y creación en la vida pública, en los debates políticos, religiosos y de ideas, se remonta a los albores mismos del Occidente. Estuvo presente en la Grecia de Platón y en la Roma de Cicerón, en el Renacimiento de Montaigne y de Maquiavelo, en la Ilustración de Voltaire y Diderot, en el Romanticismo de Lamartine y Víctor Hugo y en todos los periodos históricos que condujeron a la modernidad. Paralelamente a su trabajo de investigación, académico o creativo, buen número de escritores y pensadores destacados influyeron con sus escritos, pronunciamientos y tomas de posición en el acontecer político y social, como ocurría cuando yo era joven, en Inglaterra con Bertrand Russell, en Francia con Sartre y Camus, en Italia con Moravia y Vittorini, en Alemania con Günter Grass y Enzensberger, y lo mismo en casi todas las democracias europeas. Basta pensar, en España, en las intervenciones en la vida pública de don José Ortega y Gasset. En nuestros días, el intelectual se ha esfumado de los debates públicos, por lo menos de los que importan. Es verdad que algunos de ellos todavía firman manifiestos, envían cartas a los diarios y se enzarzan en polémicas, pero nada de ello tiene seria repercusión en la marcha de la sociedad, cuyos asuntos económicos, institucionales e incluso culturales se deciden por el poder político y administrativo y los llamados poderes fácticos, entre los cuales los intelectuales sólo brillan por su ausencia. Conscientes de la desairada situación a que han sido reducidos por la sociedad en la que viven, la mayoría de los intelectuales han optado por la discreción o la abstención en el debate público. Confinados en su disciplina o quehacer particular, dan la espalda a lo que hace medio siglo se llamaba el “compromiso” cívico o moral del escritor y el pensador con la sociedad. Es verdad que hay algunas excepciones, pero, entre ellas, las que suelen contar –porque llegan a los medios– son las encaminadas más a la autopromoción y el exhibicionismo que a la defensa de un principio o un valor”.

Estos atinados convenientes del laureado escritor peruano-español y del universo  robustecen nuestro planteamiento de preocupación  ante esa ausencia de contenido depurado, crítico, y de voluminoso peso cultural y literario, que siempre adornó el mundo de los sabios.

En mi libro titulado, Conceptualización Científica del Arte. Emociones Humanas y Literarias, cuya primera parte fue publicado en el número 7 del periódico digital Opinión, Madrid, España, incluido entre sus principales titulares de primera página del viernes 30 de noviembre del año 2001, portadilla No. 7, sección Cultura, Ciencia y Sociedad, indicó oportunamente:  "La sociedad demandará siempre un arte renovado, fresco, limpio, lleno de creatividad, substancial, ameno, con cierto marco ético, que inspire respeto; que llame la atención critica; que contribuya a elevar el nivel de comprensión del mundo al tiempo que proyecta ideas y valores nuevos que posibiliten un sistema de convivencia social más decente, humano y armonioso, bases fundamentales para construir los peldaños y andamios sostenedores del proceso de la dura brega en la lucha por la redención y la emancipación de la humanidad".

El apropiacionismo o apropiación  intelectual, literario, cultural, científico, tecnológico, y demás etc., etc., se diferencia del plagio; esa vulgaridad de calcar, raptar, robar,  e indisponer de ideas ajenas, de otros, y presentarla como propia. El apropiacionismo o apropiación  galvaniza, enriquece y actualiza el pensamiento expuesto.  Garantiza su libre albedrío. Le asigna libertad de movimiento y actuación a la creatividad expuesta que al salir a flote se convierte en propiedad general de toda la humanidad. Evita el estancamiento, la atrofia, el deterioro, el anquilosamiento, y la oxidación intelectual por  el envejecimiento de una práctica rutinaria cerrada a todo aporte y renovación de sus raíces ancestrales. Su utilización demuestra que el mundo del individuo no es aislado ni solitario por más que insista desde un encierro paranoico. Enseña  que mediante la  participación  social y colectividad del producto cultural la humanidad participa de ello; la hace suya, la defiende, la difunde y le da continuidad desde la secuencia de su apropiación. Toda acción cultural sucede en una dinámica  de intercambio de conocimientos. La vigencia de la  pluralidad del YO sobresale como  ribete en función de las necesidades humanas y la vida social; de la trascendencia individual hacia  la participación comunitaria, social y organizacional que permite y posibilita dar a conocer  y participar públicamente las ideas, el pensamiento, los  razonamientos; única vía adecuada para situarse en un espacio de connotación, respeto, admiración y jerarquización en la sociedad global. 

Más allá de nuestras humanas posibilidades; de nuestro aporte y esfuerzos denodado, de los sueños alojado en nuestro interior; de las múltiples preguntas  acumuladas  y sin respuestas ciertas; de las dudas y temores que nos limitaron en nuestro intento de andar con pasos más seguro; de las traiciones e ingratitudes padecidas; de los proyectos de vida inconcluso, de los amores frustrados y las ilusiones bordadas en  lúdicos ensueños y fantasías alterado con la realidad de la limitación  del tiempo en nuestra existencia. Muy a pesar de los sinsabores, desdén y vejámenes sufrido; de los anhelos y lucha por mejorar nuestra condición existencial, hay algo que pervive  como evidencia de lo que fuimos y somos: la comprensión del legado encontrado, huellas  que enseñan  con plenitud  que en definitiva somos memoria de nosotros mismo plasmada en el accionar de nuestra cotidianidad en la lucha por la vida.

La consagración que revistió la vida  de Freddy Gaton Arce tuvo esa tintura de sensibilidad que lo llevó  a solidarizarse con el dolor y la desgracia de los desvalidos. Por eso hoy ocupa un punto atractivo y  luminoso  entre los poetas, escritores, periodistas e intelectuales de República Dominicana. Este libro quizás no abarque todo lo que él  encarnó, significó y significa.  No obstante es nuestro modesto y humilde aporte  que viene a sumarse a los  muchos ensayos, artículos, y opiniones ya producidos en torno a su persona. Un reconocimiento desde la crítica literaria  a su obra estética, al valor de su consagración de periodista ético, a su condición de ciudadano de bien; a su ejercicio profesional  transparente y vocación de solidaridad  y entrega  a causas nobles y a su amor denodado por la humanidad.

Este ensayo biográfico camina  sobre un  retorico discurso  ciceroniano donde afloran  ideas filosóficas, éticas y morales y  cuyos valores constituyeron el estandarte durante todo el trayecto de la vida de Freddy Gaton Arce.  Cimientes de  sus prendas emocionales y  de sus cultivadas palabras de arcoíris;  liquen  de su  proverbial sabiduría y que lo distinguió durante todo el proscenio de su esculpida vida de decencia y dignidad. 

Y después de esta retorica antesala entramos, pues, en materia.

Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras

https://elcolosodemacorix.blogspot.com/2018/09/freddy-gaton-arce-vuela-en-arcoiris-de.html

 



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