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lunes, 2 de septiembre de 2013

Necesaria introducción critica referencial y conceptual del libro titulado «Conceptualización Científica del Arte. Emociones Literarias y Humanas» del periodista Enrique Cabrera Vásquez (Mellizo),

Necesaria introducción critica referencial y conceptual SAN PEDRO DE MACORIS. 20 de marzo del 2008.- Recientemente recordé una cita de Borges: «el deber de cada uno es dar con su voz». Artaud, por su parte, exploró esa relación compleja entre el lenguaje y el pensamiento, reconociéndose en el extravío de su propia lengua. Inspirado por estas visiones y por mi respeto hacia la humanidad, presento este conjunto de reflexiones filosóficas y sociales que he tejido en las páginas de este libro. Ante el deterioro de los valores humanos y la vocación belicista de las potencias dominantes, propongo estas ideas para enriquecer el debate ideológico y cultural. Este libro compila las posturas que he defendido en conferencias, medios y artículos, partiendo siempre de un periodismo serio, transparente y responsable. Es una modesta contribución al despertar de la conciencia social, impulsada por una militancia política fiel a sus principios morales y a la denuncia firme de la realidad. Toda una vida de lucha en favor de las causas patrióticas y democráticas sustenta nuestros puntos de vista. Entre 1983 y 1987, cursé la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Central del Este (UCE). Sin embargo, mi trayectoria inició de forma empírica en 1980 en la revista Cauce Libre, bajo la tutela del recordado periodista Raschid Záiter. Posteriormente, colaboré en medios locales como el semanario El Higuamo, de Víctor Manuel Pérez, y el mensuario El Imparcial, de José de la Cruz. También me desempeñé como corresponsal en San Pedro de Macorís para el diario nacional La Noticia entre 1983 y 1988, además de colaborar en diversas publicaciones. Esta trayectoria, sumada a mi militancia social y política, respalda la solidez ética y profesional de mis opiniones. A través de diversos medios, hemos publicado artículos, críticas y poesías que hoy conforman nuestro bagaje periodístico. Gran parte de esta obra, rescatada del tiempo, se ofrece ahora con claridad al lector en Emociones Humanas y Literarias, una obra que integra la conceptualización científica del arte. La cosmovisión que sustenta esta recopilación de ensayos y artículos de opinión se fundamenta en un análisis de la realidad contemporánea. Esta se define por una erosión en la capacidad de asombro de la conciencia colectiva la cual, abrumada y quizás impotente, sucumbe ante narrativas desinformativas que buscan subvertir los valores humanos esenciales. En la actualidad, predominan estrategias de comunicación persuasivas y orientadas al consumismo, dentro de un modelo de globalización supeditado a los intereses de las élites dominantes. De manera masiva y ostentosa, se difunden consignas publicitarias cargadas de falsedades que se venden con total descaro a la sociedad global. Estas políticas de comunicación están diseñadas con el firme propósito de dominio y control. Vivimos bajo una dictadura mediática globalizada que tergiversa los hechos para manipular nuestra percepción. Se nos confunde deliberadamente para controlarnos a su antojo. El bombardeo sistemático de estos laboratorios de comunicación ha erosionado la sensibilidad humana, empleando maliciosamente las herramientas científicas y tecnológicas del sistema de dominación global. Originalmente, la ciencia y la tecnología no fueron concebidas para servir a intereses banales. Sin embargo, el acceso restringido y el uso manipulador de estos avances condicionan nuestra capacidad de razonamiento crítico y creativo. Vivimos bajo una tiranía de la desinformación donde el engaño prevalece con una presencia constante y perniciosa. Lo que conocemos como «las masas» se comporta como un conglomerado de individuos robotizados que responden mecánicamente a consignas y mandatos ajenos. Estos grupos se movilizan sin rumbo, atrapados por los intereses de los sectores dominantes del sistema mundial. Son seres enajenados y fanatizados que terminan rindiendo culto a sus propios opresores. Aunque existen, no viven; su capacidad emocional y crítica ha sido anulada. No hay espacio para el pensamiento, solo para la obediencia ciega al mandato del amo. Se deifica el consumismo y se privilegia la corrupción, mientras la ética es ignorada. Es un mundo distorsionado, alienado y sumido en la estupidez, que camina de prisa hacia ningún lugar. La opinión pública se encuentra asediada por constantes narrativas mediáticas distorsionadas, impulsadas por los sectores dominantes de la sociedad. Esta estrategia de persuasión masiva aliena a grandes sectores de la población, limitando su capacidad crítica frente a un estilo de vida volcado al consumismo. El control mediático actual ha logrado erosionar incluso el sentido común colectivo. El propósito de ciertos medios parece ser la perpetuación de la confusión y la desinformación. Resulta alarmante observar cómo figuras de renombre en el periodismo y la comunicación se prestan a este juego, replicando sistemáticamente campañas de desprestigio contra quienes denuncian valientemente estas estructuras. Ante esto, cabe preguntarse: ¿actúan por convicción o por una profunda carencia de formación ética? El científico británico Stephen Hawking, autor del célebre bestseller «Breve historia del tiempo», advirtió que el cambio climático representa una amenaza para el planeta incluso mayor que el terrorismo. A esta preocupación se han sumado diversos líderes políticos y líderes de opinión a nivel global. Nuestra prioridad debe centrarse en promover políticas sociales que eleven la calidad de vida y aseguren la supervivencia de nuestra especie. Sin embargo, este objetivo suele chocar con los intereses de las cúpulas gobernantes, quienes a menudo priorizan estrategias de manipulación para mantener el control sobre la población. Ante este panorama, los medios de comunicación tienen la responsabilidad de educar y orientar con claridad. Su labor no debe ser encubrir las atrocidades cometidas bajo el pretexto de la paz, sino denunciar un sistema que perpetúa la corrupción y el oprobio. Ante el rumbo errático del mundo bajo fuerzas despóticas, rescatamos el profundo sentido humanista de Eduardo Galeano, quien escribió: "En tiempos oscuros, tengamos el talento para aprender a volar en la noche como los murciélagos. Seamos lo suficientemente maduros para sabernos compatriotas de todo aquel que busque belleza y justicia, sin importar fronteras de mapas o de tiempo. Seamos tan tercos como para creer, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena. A estas palabras sumamos la perspectiva crítica de Walter Benjamín (adaptada al contexto digital actual) sobre el alcance de la cultura de masas: Hiperindustrialización: En la era digital, la cultura es un régimen de significación dominado por la hipermediatización. Control simbólico: Grandes conglomerados administran el consumo de bienes simbólicos, desde editoriales hasta la industria del entretenimiento global. Virtualización: Este sistema posee la capacidad de generar realidad, adquiriendo un valor ontológico que moldea nuestra percepción. Pérdida de memoria: El exceso de estímulos y de información difumina nuestra relación con el pasado y ahoga nuestros deseos en un "puré" de datos inmediatos. Inspirado por este legado, proclamo mi fe inquebrantable en el futuro. Nuestra conducta pública es un compromiso firme con el derecho a la vida, la protección de la naturaleza —desde los ríos hasta la fauna— y los principios éticos de dignidad, respeto y decencia. Aunque las fuerzas del odio ejerzan un vasto dominio global, este nunca será absoluto. Las ideas aquí reunidas son la prueba de que no todo está perdido: un mundo mejor sigue siendo posible. Sigamos luchando; al final, la victoria pertenecerá a la humanidad consciente y perseverante. ¡Luchemos! ¡Viva la humanidad! Gracias. 20 de marzo del 2006.

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