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viernes, 22 de febrero de 2008

El largo adiós de uno de los grandes y polémicos estrategas del siglo XX

Genealogía del líder más respetado del mundo

(Enviado por IAR Noticias)

Según pasan los años: Fidel Castro nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, en la actual provincia cubana de Holguín. Dirigió los destinos cubanos durante casi medio siglo.

Ni sus amigos ni sus enemigos discuten ya su talento para guiar a los cubanos a través de utopías, guerras, crisis, paraísos y desiertos; para conquistar el respeto de pueblos y dirigentes de Oriente y Occidente. Fidel Castro Ruz fue uno de los productos más depurados de un mundo que aún existe: la injusticia y la pobreza rampante en América latina. Pero también, de un mundo que ya no existe: el del capitalismo y socialismo enfrentados a lo largo del siglo XX, con su última batalla durante la Guerra Fría.
Por María Seoane - Clarín

Pero el bloqueo al que Estados Unidos sometió y somete a Cuba luego de medio siglo -contra la postura de toda la comunidad internacional- parece su prolongación indeseada. Fidel mantuvo, para muchos, la utopía socialista en la isla porque creyó siempre que el dilema era la persistencia en la revolución o que Cuba volviera a ser el prostíbulo de mafiosos y traficantes norteamericanos y europeos que ya habían asolado la isla en tiempos del dictador Fulgencio Batista antes de que en enero de 1959 las tropas conducidas por Fidel, Raúl Castro y el Che Guevara lo derrocaran.

Castro parece condensar la historia rebelde de América latina. Su biografía sólo puede comprenderse en esa espesura y dilemas americanos que Rubén Darío cantó en su oda al presidente norteamericano Theodore Roosevelt, promotor de las invasiones para anexar a Cuba y Nicaragua a principios del siglo XX: "Este pueblo aún cree en Jesucristo y aún habla en español... donde pones el ojo, pones la bala: no." Fidel nació en Birán en agosto de 1926. Hijo de inmigrantes españoles dedicados a la producción azucarera, fue formado en el universalismo profundo de los jesuitas que lo prepararon como parte de la elite que aspiraba a dirigir los destinos de la isla. Se formó como orador y agitador con las ideas de los pensadores de la independencia americana, entre ellos José Martí y Antonio Maceo. Se recibió de abogado en la Universidad de La Habana porque quería pelear contra las dictaduras de la hora: la de Trujillo en Dominicana y la de Batista en Cuba. Fundó el Partido Ortodoxo para enfrentarse a Batista que dio un golpe de Estado y se alzó con el gobierno: su opresión y crueldad forzó la lucha armada de muchos jóvenes. Fidel los dirigió con su hermano Raúl en el célebre asalto al cuartel Moncada en julio de 1953, que fracasó. Fue a la cárcel y allí escribió un alegato que revelaba su estirpe cultural y política."Condenadme, no importa. La historia me absolverá", desafió a los jueces batistianos, en un texto que se transformará en guía de rebelión contra las dictaduras latinoamericanas. En México organizó la rebelión. Conoció al Che Guevara y desembarcó en la isla para iniciar la guerrilla en Sierra Maestra. Lo demás es historia conocida a partir de 1959 guió los destinos de Cuba, primero con los EE.UU. como aliado y luego como enemigo. Se alió con la URSS, vio con simpatía las guerrillas latinoamericanas guevaristas en los setenta pero se opuso a su militarismo como se opuso a las provocaciones políticas contra los EE.UU. -mientras sumó diplomáticamente al mundo a la defensa de Cuba- mientras marchaba a una apertura económica controlada después de la caída del Muro de Berlín.

Ahora, que Fidel se despide del gobierno pero no del tremendo poder simbólico que mantiene en la cabeza de su gente, Cuba ya no parece condenada a ese destino prostibular, con los mayores índices de educación y salud de latinoamérica, aunque aún sea incierto su decurso. Muchos prevén ahora un futuro de capitalismo de estado, con ingreso de capitales, con un sólo partido de gobierno y con base a una organización popular tal como ahora. EE.UU., enfrente, con millones de cubanos en Miami parece exigir una rendición total del sistema. Será el turno de ver si existe una sola forma de democracia en Occidente y si la era imperial prolonga su voracidad. De ver, en fin, a quién la historia absolverá.

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